Clausura Año Murillo | Crónica Una despedida sin lágrimas

  • El Teatro de la Maestranza acogió la clausura oficial del Año Murillo

Leonor Leal en un momento de 'Saltar el muro'. Leonor Leal en un momento de 'Saltar el muro'.

Leonor Leal en un momento de 'Saltar el muro'. / Juan Carlos Muñoz

Saltar el muro es una propuesta ingeniosa, fragmentaria, entretenida. De 55 minutos de duración. También me gustan las despedidas breves. Se trataba de decir adiós. Una despedida sin risas, sin lágrimas, sin emoción. Se tratada de decir adiós y irse ... al barrio, a la periferia, como subrayó en sus recitados Delapuríssima que tuvo a bien poner su cuerpo al completo y un bolero al servicio de esta obra. El peso de la propuesta recae en dos grupos, el flamenco y el de la música barroca, entre los que no hay interacción. Los primeros pusieron voz y cuerpo a los poemas de Calderón de la Barca y Braulio Ortiz Poole, con músicas de Manuel Torre, el Niño de Gloria, Rafael Romero, Morente por caña y Juan Carlos Romero y su Canto de la resignación. Es decir que, después de la fiesta, todo sigue igual: los compositores flamencos siguen lejos del canon, en el anonimato. En el barrio. En la misma periferia en la que vivían en noviembre de 2017. En el programa de mano figuran los nombres de Monteverdi, Elena Mendoza, Julia de la Castro, Pietro Antonio Giramo, Tarquinio Merula. Y ningún flamenco. Ni siquiera el de Leonor Leal como coreógrafa, que se enfrentó al reto de bailar el Breviario de espejismos de Mendoza ferozmente interpretado por Jürgen Ruck. Eléctrica y elegante, como siempre, también en el delicioso vestuario. El cantaor Álvaro Romero ha llevado a cabo un gran trabajo al adaptar textos que están muy alejados de la lírica jonda tradicional. Forma Antiqva, con una estupenda María Bayo, se ocupa del repertorio barroco.Detrás de la propuesta no hay una obra de enjundia de un poeta, de un dramaturgo, de un músico, de un coreógrafo, sino fragmentos de las de muchos. Es una obra de un director de escena, Rafael R. Villalobos. No es que el ingenio esté por encima del mensaje sino que el ingenio es el mensaje. Aunque, en esta ocasión, a media luz, sin humor, sin llanto. Una obra intelectual, para inteligentes, que no incluyó referencia alguna a Murillo.

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