Asociación Musical Códice | Crítica Quien canta reza con alegría

La Asociación Musical Códice con Esther Sanzo al frente La Asociación Musical Códice con Esther Sanzo al frente

La Asociación Musical Códice con Esther Sanzo al frente / D. S.

Aunque se ha difundido mucho, San Agustín no dijo ni escribió aquello tan repetido de que "quien canta, reza dos veces", sino esto otro: "Pues aquel que canta alabanzas, no solo alaba, sino que también alaba con alegría". Y eso hicieron en la mañana del domingo los miembros de este conjunto Códice dirigidos por Esther Sanzo, rezar alegremente, pues su programa era un paseo por música religiosa del siglo XX.

Música de extraordinaria diversidad de tendencias, de las más vinculadas a las iglesias ortodoxas (la recta homofonía de Rajmáninov, el romanticismo de Naujalis, el neorromanticismo de Sviridov) al neoclasicismo de Poulenc (en una obra de oscuros colores penitenciales), del minimalismo de Pärt a la escuela húngara de los Bárdos, con clara influencia de Kodály y el folclore (curioso uso de las escalas pentatónicas por parte de Lajos) y la dulzura clásica de Duruflé, del uso de la modalidad (Raminsh, con pretensiones impresionistas, o Gjeilo, más a la busca de cierto misticismo posmoderno) a la fuerte individualidad de Messiaen Casals, que volcó en una polifonía con notas disonantes su gusto por el pasado, rastros de un cecilianismo que a la distancia puede hallarse también en las obras de Andreo o Rodríguez. Polifonía, homofonía, pasajes concertantes y antifonales... y al final hasta recursos teatrales, con un actor recitando en medio del Ave María de Ricardo Rodríguez y parte del coro saliendo al patio de butacas.

Trabajo intenso el de Códice, y compartido, pues la mitad de las obras del programa fueron dirigidas por hasta siete miembros del coro, que se fueron alternando en el podio. Resultados más que prometedores, pues aunque las voces resultan para determinadas obras demasiado disímiles (otras piezas ganan con ello) y hubo algunos roces y entradas no siempre clavadas, dominaron el buen equilibrio general, una estupenda mezcla sonora y, sobre todo, la intensidad expresiva y el trabajo en los detalles.

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