Correcta biopic de un ilustrador inglés, muy inglés

MR. WAIN | Crítica

Benedict Cumberbatch, caracterizado como mr. Wain.
Benedict Cumberbatch, caracterizado como mr. Wain.

Ficha

*** Drama biográfico. Reino Unido. 2021. 111 minutos. Dirección: Will Sharpe. Guion: Will Sharpe. Música: Arthur Sharpe. Fotografía: Erik Wilson. Reparto: Benedict Cumberbatch, Claire Foy, Andrea Riseborough, Toby Jones, Stacy Martin, Aimee Lou Wood, Adeel Akhtar, Julian Barratt, Sharon Rooney, Hayley Squires, Asim Chaudhry, Sophia Di Martino, Jamie Demetriou

Louis Wain (1860-1939) Louis Wain (1860-1939)sólo podía ser inglés. ¿Quién, sino un inglés, podría haber vivido una vida tan extravagante, desdichada casi siempre y serenamente feliz a ratos, como la suya? Familia comerciante acomodada. Seis hermanas, todas solteras y a cargo suyo (menos la mayor, ingresada en un manicomio) junto a su madre tras el fallecimiento del padre. Un matrimonio mal visto, porque ella era mayor que él además de ser la institutriz de sus hermanas pequeñas, y desdichadamente breve: la esposa falleció a los pocos años. Inglés, muy inglés al estilo de las protagonistas de Charlotte y Anne Brontë es el breve romance con la institutriz. Inglesa, muy inglesa, fue su creciente pasión por los gatos. Inglesa, muy inglesa, fue su forma de ganarse la vida pintando gatos cada vez más antropomorfizados para revistas, ilustraciones de libros y postales. E inglés, muy inglés, digno del final melodramático de un personaje de Dickens, fue su destino: progresivamente hundido en la demencia fue ingresado en 1924 en un manicomio por sus hermanas permaneciendo recluido hasta su fallecimiento en 1939. Conforme su demencia avanzaba sus dibujos de gatos se iban haciendo más extravagantes, raros, modernos si se quiere, psicodélicos ante litteram como si se fundieran los dibujos de Robert Crumb y las portadas de los discos de Cream.

La larga y no fácil ni feliz vida de este ilustrador -un hombre tímido, confiado, sin sentido práctico, por rematar el perfil inglés del artista tan iluso como idealista y desdichado- merecía algo más que esta película, correcta desde luego, muy bien interpretada por Benedict Cumberbatch (que la produce y debería plantearse si su predilección por personajes íntimamente atormentados, con independencia de que sean reales o de ficción, no le hace correr el riesgo de encasillarse) y Claire Foy como la pareja protagonista, con una excelente ambientación y una bienintencionada voluntad de demostrar que la demencia de Wain fue mal diagnosticada y peor tratada, y que fue un artista en gran medida incomprendido e infravalorado pese al enorme éxito popular y comercial de sus gatos. Pero a la que le falta solidez en el guión y le sobran los juegos visuales y fantásticos. La fantasía capaz de transfigurar la realidad en dibujos estaba en la mente del dibujante y su plasmación en sus dibujos, no era necesario trasladar la primera fuera de su cabeza visualizándola ni llevar los segundos fuera del papel. Pocos, muy pocos directores han sido capaces de visualizar el subconsciente o los mecanismos mentales de un creador (quizás solo los tan distintos Buñuel y Fellini) y Will Sharpe no tiene este don, aunque su mayor éxito televisivo trate en clave de comedia negra de familias disfuncionales acechadas por trastornos mentales (Flowers).

Lo mejor de la película es la intensa y desgraciadamente breve historia de amor, además de la divulgación de la figura de este excelente y sorprendente ilustrador. Lo peor, sus ambiciones visuales que exceden las capacidades de su director. Aprovecho para recordar que la antropomorfización de los gatos con intención crítica o paródica tiene entre nosotros un glorioso precedente: los felinos Zapaquilda, Marramaquiz y Micifuz del poema épico burlesco La Gatomaquia de Lope de Vega que popularizó, sobre todo después que Samaniego retomara al último de los tres personajes en Los gatos escrupulosos con tanto éxito que el nombre de Micifuz pasó a designar a los gatos.

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