Cultura

Cuántas cosas puede decir el videoarte

  • '(Re)visiones' ofrece en el CAS una mirada a la videocreación andaluza.

La muestra es un balance del vídeo en Andalucía durante la última década. Por eso tiene sentido su instalación, entre dos polos: al fondo de la sala, un trabajo inédito de un veterano, Juan Carlos Robles; en el otro extremo, el de una joven autora, Beatriz Ros. Entre ambas piezas hay además claro contraste: Robles diseña una especie de tsunami contra la fachada del Banco de España en Málaga: el color, en oleadas, parece cuestionar la firmeza de la institución reguladora de las entidades de crédito. Ros, por el contrario, elige una imagen muy clara, su propio cuerpo, para evocar, mediante un casi aforismo visual, la identidad del yo.

Entre estas dos, otras obras bien conocidas. Repasarlas compensa por dos razones: se ve que han resistido bien el paso del tiempo y además componen un panorama que señala las posibilidades del vídeo y la versatilidad con que lo manejan los autores. El vídeo puede recoger el rostro de quienes carecen casi de nombre (así, Dionisio González con los faveleiros), recordar con breves textos, recortados en negro, nuestra impiedad con los inmigrantes (López Cuenca), mostrar con provocados fuera de campo la presencia (oculta) de la cámara (Nuria Carrasco), ironizar sobre el reality-show (María Cañas) o reflexionar en claves diversas sobre la condición femenina (Cristina Lucas, Anna Jonsson).

Me detendré algo más en dos vídeos de autores también veteranos, Daniel Cuberta y Tete Álvarez. Cuberta emplea las tomas de vídeo, la animación, diversas técnicas fotográficas y el found-footage para pensar poéticamente la verdad/falsedad del paisajista. Álvarez señala con sagacidad y sorna cómo los tópicos y los procedimientos de la industria turística trascienden las diferencias de culturas, naciones y ciudades.

Esta variedad de enfoques, inquietudes y recursos se advierte también en los más jóvenes. Javier Artero propone un atractivo juego visual: la cámara fija recoge la gran escalera del Palacio de Montjuich, agitada en sus márgenes por el agua de las fuentes, y dos figuras que ascienden por ella en incesante repetición. Beatriz Sánchez y Verónica Ruth Frías unen la performance y los juegos de montaje con el mayor desenfado, mientras Jesús M. Sanchez une música y vídeo para mostrar una naturaleza extraviada: la que crece en solares -verdaderas ruinas urbanas- a los que llegó tarde la especulación. La muestra, así, da cuenta del videoarte en Andalucía pero también de problemas aún sin solución, pese a las buenas palabras.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios