Si yo fuera madre | Crítica de teatro Un buen motivo para el optimismo

Los cinco protagonistas de 'Si yo fuera madre' en uno de los primeros ensayos. Los cinco protagonistas de 'Si yo fuera madre' en uno de los primeros ensayos.

Los cinco protagonistas de 'Si yo fuera madre' en uno de los primeros ensayos. / Juan Moyano

De entrada parece que Lucas y Julieta son dos niños encantadores, y seguro que dos buenas prendas. Cuando están en la escena, llena de juegos como si fuera una guardería, resulta difícil sustraerse a sus evoluciones.

Y no es que sea la primera vez que vemos niños jugar en el escenario de este teatro. Hasta el genio Romeo Castellucci fue capaz de colocar a sus seis retoños en un imaginario y terrible y blanco campo de concentración. Ni la primera vez que se utiliza el teatro para exorcizar o cicatrizar las herida de una relación. Pero que un escritor y director de escena reúna en el escenario a sus dos últimas novias con sus bebés para hablar de la maternidad –y de su frustrada paternidad- no es algo demasiado habitual.

Autor, director, actor y cantaor aficionado, David Montero ha aprovechado las ganas y la profesionalidad de sus “ex” (Rocío Hoces es actriz y Julia Moyano también bailarina) para escribir una pieza que rezuma frescura y sinceridad, por mucho que mezcle los retazos de sus vidas y las reflexiones sobre lo que es o no es ser madre con palabras de Lorca (Yerma), de José Agustín Goitisolo o de Franco Battiato, con cantes flamencos y con escenas dramáticas como la que protagoniza Moyano con un blanco traje de novia.

Creada a base de improvisaciones, se habrán necesitado meses de trabajo para adaptar los parlamentos a las imprevisibles jugadas de dos bebés menores de dos años y a las necesidades de tres personajes que tienen mucho que decir.

Con esos presupuestos, no es extraño que, en su estreno, la propuesta nos haya llegado como algo fluidamente caótico. Una sonata contemporánea a tres voces –y dos posibles llantos- que, estamos seguros, irá creciendo con cada representación para disfrute del público. Porque, además de sus nada despreciables valores textuales y teatrales, ver dialogar desde el cariño a los protagonistas de unas relaciones rotas, con el beneplácito y la colaboración de sus nuevas parejas y con la exesposa de Montero –Belén Maya- aplaudiendo desde la primera fila, nos parece un buen motivo para el optimismo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios