Esperando a Godot | Crítica de teatro

Descifrando el enigma Godot

Alberto Jímenez, Fernando Albizu, Pepe Viyuela y Juan Díaz en un momento de 'Esperando a Godot' Alberto Jímenez, Fernando Albizu, Pepe Viyuela y Juan Díaz en un momento de 'Esperando a Godot'

Alberto Jímenez, Fernando Albizu, Pepe Viyuela y Juan Díaz en un momento de 'Esperando a Godot' / javier naval

Antonio Simón comenta, con acierto, que la obra de Beckett se ha convertido en ‘un símbolo universal. Forma parte de la imaginación colectiva’.

Quedan muy atrás los ‘tópicos’ que la han acompañado , ‘teatro del absurdo’, 'Godot es Dios', que, en vida, fueron reiteradamente desmentidos por el propio Samuel Beckett. Permanece, sin embargo, la iconografía que se creó en el primer montaje francés (el uso del bombín, que venía de Laurel y Hardy, ‘el gordo y el flaco’) y que se repite desde entonces.

Siempre se ha dicho que en Esperando a Godot ‘no se dice nada’. Estragón y Vladimir se encuentran, cada día, en un lugar para esperar a Godot. No existe la memoria, ni el tiempo. A esa no-cita, sin embargo, acuden, Pozzo y Lucki, amo y siervo y, por último, un chico que les comunicará que Godot no llegará.

Antonio Simón ha contado con la maravillosa escenografía de Paco Azorín, simbólica e impactante, la iluminación precisa y elegante de Pedro Yagüe y la interpretación de un elenco insuperable encabezado por Pepe Viyuela y Alberto Jiménez que juntos a Fernando Albizu, Juan Díaz y Jesús Lavi se convierten en las estrellas absolutas de la función.

Antonio Simón ha decidido ofrecernos la obra completa, una arriesgada opción porque se extiende más de lo necesario, y ha dibujado los personajes de Viyuela y Jiménez demasiado cercanos, tanto, que llega a sacarlos del armario planteando una nueva visión sobre los mismos.

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