Un cuerpo en algún lugar. Crítica de Teatro

Desnorta que algo queda

Luis Sorolla y Fran Cantos Arana en su viaje interminable. Luis Sorolla y Fran Cantos Arana en su viaje interminable.

Luis Sorolla y Fran Cantos Arana en su viaje interminable. / D. S.

Hay una nueva generación de autores/as que siguen los pasos de los Paco Bezerra, Alfredo Sanzol, Miguel del Arco, Alberto Conejero, entre otros. Que asumen la influencia de los Tolcachir y los Messiez (el poderoso teatro argentino). Afincados en Madrid, con menos de treinta y cinco años, con esa magnífica ilusión por inventar una nueva dramaturgia. Gon Ramos es uno de ellos. Y tiene madera, esperamos mucho de él porque maneja con cierta maestría el lenguaje. Le deseamos mucha suerte, de verdad.

Pero confieso que viendo Un cuerpo en algún lugar me invadió un profundo sopor acompañado de una elevación del grado de mala leche que siempre se debe mantener a nivel cero.

Vaya por delante que me quito el sombrero ante sus dos magníficos intérpretes, Fran Cantos y Luis Sorolla, que bordan este viaje cuántico trufado de un romanticismo enfermo y deconstruido (muy a la moda: confunde, embarulla, desnorta, que algo queda). Dosis del relativismo de Einstein, física vanguardista para conectar esas partículas (un sinfín de personajes interpretados por un estupendo Luis Sorolla) y una problemática forma de entender el amor que haría rico a un psicólogo. Todo esto es perfecto para un libro de poemas pero increíble, en cuanto a la verosimilitud, en una obra teatral.

No me creo a un llorón que busca, durante años, a una mujer a la que vio unas horas. No me creo esta obra que me suena más a ensimismamiento teatral que a contarme algo verdadero. No me gusta que intenten inventar lo que ya se inventó hace 40 años.

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