Cultura

Los lienzos de Domingo Martínez vuelven al convento de Santa Paula

  • La Real Maestranza de Caballería ha sufragado la restauración de los dos grandes cuadros que ilustran, a ambos lados del altar mayor, escenas de la vida de la religiosa

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En el compás ajardinado "más hermoso de todos los conventos de Sevilla", como lo describió ayer el catedrático de Historia del Arte Enrique Valdivieso, las monjas jerónimas de Santa Paula celebraron con limonada y tocino de cielo la devolución de dos de sus grandes tesoros artísticos. La Real Maestranza de Caballería acababa de entregarles tras su restauración- "sin alharacas, con discreción, los actos íntimos son los que llegan más profundo", apostilló Valdivieso- los dos grandes cuadros de Domingo Martínez que figuraban en los muros laterales del presbiterio.

Ambas pinturas, que representan sendos episodios de la vida de Santa Paula, han sido sometidas durante dos años a los trabajos de restauración dirigidos por las conservadoras María Arjonilla Álvarez y Mercedes González Fuentes, quienes ya habían intervenido en la pintura mural de San Cristóbal que esta misma iglesia conserva junto a las rejas del coro.

La recuperación del colorido y de la profundidad compositiva que caracterizaba originalmente a los lienzos La partida de Santa Paula a Oriente y La muerte de Santa Paula ha sido posible gracias a los 24.000 euros aportados por la Real Maestranza. Una labor de mecenazgo que la madre abadesa, sor Tyamma Irimpan, agradeció a la corporación, representada por su teniente de hermano mayor, Alfonso Guajardo-Fajardo y Alarcón.

El acto constituyó un momento de júbilo para esta comunidad que combina la vida monástica contemplativa con el cuidado del valioso patrimonio que atesora, parte del cual se exhibe en el museo que alojan varias dependencias altas del convento. Ese celo llevó ayer a las hermanas a solicitar a los maestrantes ayuda para restaurar también las pinturas al temple que decoran las bóvedas de la iglesia y que fueron pintadas por el propio Domingo Martínez, con la ayuda de varios miembros de su taller.

La restauración de los dos grandes lienzos, recordó María Arjonilla, fue compleja no sólo por su estado deficiente sino también por su elevada ubicación. "Se encontraban colgados a ambos lados del altar mayor, a casi tres metros del suelo, encuadrados por grandes marcos ricamente labrados y dorados", detalló. Los dos cuadros presentaban un envejecimiento similar, debido sobre todo a "ataques bióticos, principalmente de xilófagos y murciélagos". La tarea más laboriosa, sin embargo, fue "la limpieza de las intervenciones anteriores no profesionales y poco afortunadas". Además, en el lienzo de La partida de Santa Paula a Oriente el deterioro se veía subrayado por la incidencia de la luz directa del sol, en tanto que en el caso de La muerte había una filtración de agua desde una ventana superior.

Los trabajos, que las restauradoras realizaron en la clausura, "como dos hermanas más", han eliminado así la opacidad que impedía apreciar el rico cromatismo que Domingo Martínez fijó en 1730.

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