Así era la vida con la Pasarela del Prado: el monumento sevillano inspirado en la torre Eiffel
La estructura metálica presidió el Prado de San Sebastián entre 1896 y 1920, convirtiéndose en símbolo de la Feria de Abril antes de su demolición.
La Pasarela del Prado de Sevilla fue una estructura metálica que se erigió en el Prado de San Sebastián y permaneció en pie durante 24 años, desde 1896 hasta 1920. Este monumento, conocido también como Pasadera, presentaba una evidente influencia de la torre Eiffel parisina y se convirtió en uno de los elementos arquitectónicos más queridos por los sevillanos durante un cuarto de siglo. Su desaparición dejó un vacío en el paisaje urbano de la capital andaluza, donde había funcionado como pórtico de entrada al recinto ferial de la Feria de Abril desde su inauguración.
El derribo de esta construcción emblemática se produjo con la misma rapidez con la que había ganado el afecto ciudadano. Oficialmente, las autoridades justificaron su demolición argumentando la necesidad de liberar espacio urbano para los ensanches previstos con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. No obstante, las causas ocultas del derribo nunca fueron aclaradas completamente, generando suspicacias entre la población. Posteriormente, en el mismo emplazamiento se instaló la fuente de las Cuatro Estaciones, obra realizada por Manuel Delgado Brackembury en 1929, que aún hoy embellece la zona.
Los historiadores Luis Toro Buiza y Manuel Olmedo Sánchez documentaron que los 81.297 kilos de hierro desmontados de la estructura fueron vendidos por 45.738 pesetas. Esta información revela el valor material de la construcción y contrasta con el valor sentimental que había adquirido para los habitantes de Sevilla. La Pasarela no sólo cumplía una función decorativa, sino que se había integrado profundamente en las tradiciones festivas de la ciudad, especialmente en la celebración primaveral más importante.
Historia de la construcción e inauguración
Según el antropólogo Salvador Rodríguez Becerra, la Pasarela fue diseñada por el ingeniero industrial Dionisio Pérez Tobía y construida en la fundición sevillana de Perea Hermanos. Esta empresa local fue la encargada de dar forma al proyecto, que combinaba funcionalidad y estética siguiendo las tendencias arquitectónicas del hierro que triunfaban en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX. La elección de materiales y el diseño estructural reflejaban la modernidad industrial que Sevilla intentaba proyectar en aquella época.
La inauguración del monumento tuvo lugar el 18 de abril de 1896, coincidiendo con la primera jornada de la Feria de Abril de ese año. Esta fecha no fue casual, sino que estableció desde el primer momento una vinculación indisoluble entre la estructura metálica y las fiestas de Primavera sevillanas. Durante 24 años consecutivos, la torre sirvió como referencia visual y punto de encuentro para miles de sevillanos y visitantes que acudían al real del Prado de San Sebastián.
Función como mirador ferial
Una de las características más apreciadas de la Pasarela era su función como mirador excepcional hacia la Feria de Abril. Los sevillanos podían ascender por la estructura y disfrutar de vistas panorámicas del recinto ferial, contemplando desde las alturas el colorido conjunto de casetas, el trasiego de caballos y carruajes, y la animación característica de la celebración. Esta perspectiva privilegiada convertía la torre en un atractivo adicional durante los días de feria.
La torre actuaba como pórtico del real del Prado de San Sebastián, marcando simbólicamente la entrada al espacio festivo y diferenciando el ámbito ferial del resto de la ciudad. Su presencia imponente y su diseño de inspiración francesa otorgaban un aire cosmopolita a la feria sevillana, en una época en que la ciudad buscaba proyectar una imagen de modernidad y apertura cultural.
Demolición sin revuelo popular
A pesar del cariño que los sevillanos profesaban a la Pasarela, la destrucción del monumento no levantó revuelo alguno en el momento de producirse. Esta circunstancia resulta llamativa y ha generado diversas interpretaciones históricas. Algunos autores sugieren que la población asumió como inevitable la transformación urbana vinculada a la preparación de la Exposición Iberoamericana, evento de gran envergadura que requería reconfigurar amplias zonas de la ciudad.
Sin embargo, con el paso del tiempo, los sevillanos apreciaron la pérdida de la torre y su valor como mirador y símbolo de una época irrepetible. La nostalgia por el monumento perdido se fue acrecentando a medida que las generaciones que lo habían conocido transmitían sus recuerdos a los más jóvenes. La Pasarela pasó a formar parte del imaginario colectivo sevillano como uno de esos elementos arquitectónicos desaparecidos que, paradójicamente, cobran mayor relevancia una vez que ya no están presentes.
¿Qué era la Pasarela del Prado de Sevilla?
La Pasarela del Prado fue una estructura metálica de hierro inspirada en la torre Eiffel que se levantó en Sevilla a finales del siglo XIX. Con sus más de 81.000 kilos de hierro, representaba un ejemplo destacado de la arquitectura del hierro que caracterizó la segunda mitad del siglo XIX en Europa. Este tipo de construcciones combinaban ingeniería avanzada con propósitos ornamentales y funcionales, respondiendo al espíritu de progreso industrial de la época.
El monumento se ubicaba en el Prado de San Sebastián, espacio tradicional de celebración de la Feria de Abril sevillana. Durante los 24 años de su existencia, desde 1896 hasta 1920, la torre se integró plenamente en el paisaje urbano y en las costumbres festivas de la ciudad. Su diseño permitía el acceso del público a diferentes niveles, ofreciendo perspectivas inéditas del entorno urbano y ferial.
¿Por qué se demolió la Pasarela?
La versión oficial atribuyó la demolición a la necesidad de liberar espacio para la Exposición Iberoamericana de 1929. Este certamen internacional requería amplias transformaciones urbanísticas en Sevilla, incluyendo la apertura de nuevas avenidas, la construcción de pabellones y la reconfiguración de espacios públicos. Las autoridades consideraron que la Pasarela ocupaba un emplazamiento estratégico que debía quedar disponible para estos proyectos.
No obstante, historiadores y cronistas han señalado que existieron causas ocultas nunca aclaradas oficialmente. El hecho de que en su lugar se instalara posteriormente la fuente de las Cuatro Estaciones, y no ninguna infraestructura directamente vinculada a la Exposición, alimentó las dudas sobre las verdaderas razones del derribo. Algunas hipótesis apuntan a intereses económicos o a decisiones estéticas de los planificadores urbanos de la época.
¿Cuánto hierro se recuperó de la demolición?
Según la documentación aportada por Luis Toro Buiza y Manuel Olmedo Sánchez, se desmontaron 81.297 kilos de hierro de la estructura de la Pasarela. Este material fue posteriormente vendido por 45.738 pesetas, una cantidad significativa para la época que refleja tanto el valor del metal como el volumen considerable de la construcción. La venta del material recuperado fue una práctica habitual en las demoliciones de estructuras metálicas durante el primer tercio del siglo XX.
El destino final de estos materiales no está completamente documentado, aunque es probable que el hierro se reutilizara en otras construcciones o se fundiera nuevamente para otros propósitos industriales. Esta reutilización era común en una época en que los recursos materiales se aprovechaban exhaustivamente y el reciclaje de metales constituía una práctica económica habitual.
La relación entre la Pasarela y la Feria de Abril
Desde el mismo día de su inauguración, la Pasarela quedó vinculada indisolublemente a la Feria de Abril. El 18 de abril de 1896 marcó tanto la primera jornada ferial como la presentación pública del monumento, estableciendo una conexión simbólica que se mantendría durante un cuarto de siglo. Esta coincidencia no fue fortuita, sino que respondió a una planificación deliberada de las autoridades municipales para dotar al recinto ferial de un elemento arquitectónico distintivo.
Durante las dos décadas siguientes, la estructura metálica se convirtió en elemento imprescindible de las fiestas de Primavera, sirviendo como referencia visual, punto de encuentro y mirador privilegiado. Los sevillanos asociaban la visión de la torre con el ambiente festivo, el inicio de la feria y las celebraciones primaverales. Su presencia contribuyó a configurar la identidad visual de la Feria de Abril durante un periodo formativo crucial para la consolidación de esta tradición.
Otras entregas realizadas con IA
Los vídeos que acompañan a estas noticias están realizados con inteligencia artificial a partir de fotos reales de la época o recopilación de datos históricos.
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