El mueble | Crítica La era de la llave allen

Gema Matarranz y Alejandro Vera con el mueble de la discordia. Gema Matarranz y Alejandro Vera con el mueble de la discordia.

Gema Matarranz y Alejandro Vera con el mueble de la discordia. / M.G.

Con mascarillas y aforo reducido, la temporada teatral sevillana arranca con fuerza y con ilusión. El Lope de Vega ha sido el primero en abrir sus puertas y lo ha hecho con un estreno absoluto de Histrión Teatro, uno de los grupos más emblemáticos de la comunidad andaluza.

Afincado en Granada desde hace 25 años, aunque sus fundadoras, Gema Matarranz y Nines Carrascal sean segoviana y zamorana respectivamente, el buen hacer de Histrión nos ha proporcionado siempre muchas alegrías. Baste recordar esa joyita que fue, hace dos temporadas, Lorca, la correspondencia personal.

Frente a otros trabajos más enjundiosos, El mueble es una comedia de entretenimiento. El último fruto de la colaboración de la compañía con Juan Carlos Rubio, director de escena y autor de casi todos los textos de Histrión desde hace seis años. En esta ocasión, el texto fue escrito a cuatro manos entre Rubio y Yolanda García Serrano.

En un espacio escénico muy sencillo, casi pobre -son los tiempos- con un paramento de madera que permite la entrada y salida de la pareja protagonista, la única acción de la obra gira en torno al montaje de un mueble de Ikea. El resto son palabras. Es el retrato de dos personajes muy reales -¿en qué casa no hay un Don Perfecto o una Doña Perfecta?- y muy de hoy, de la era Ikea. Una época en la que, al igual que los muebles, parece que todo se puede resolver con una sencilla llave allen.

A lo largo de la obra van surgiendo temas como lo que se dice y lo que se calla en el seno de una pareja, como la pérdida de la ilusión tras más de veinte años de convivencia, o como la dificultad que, especialmente para los hombres, entraña enfrentarse al fracaso social tras haber tenido un brillantísimo pasado, en el caso de Carlos en el campo del deporte.

Temas importantes sobre los que Rubio pasa muy de puntillas, adobándolos con citas literarias -ella, Tati, es profesora de literatura- y huyendo de toda acidez. Porque El mueble es una comedia blanca, al más viejo estilo, hecha para que el público ría o sonría -y hay tan pocas oportunidades últimamente-, para que se sienta reflejado en uno u otro personaje y, sobre todo, para que dos estupendos actores como son Alejandro Vera y la premiada Gema Matarranz muestren su gran versatilidad y su capacidad para hacer reír al espectador.

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