Escenas de nostalgia y resistencia
Tusquets publica 'Tarde o temprano', un recorrido por la producción poética de José Emilio Pacheco desde 1958 hasta 2009 que llega a las librerías coincidiendo con la entrega del Cervantes al autor mexicano
"Sigo pensando / que es otra cosa la poesía: / una forma de amor que sólo existe en silencio, / en un pacto secreto entre dos personas, / de dos desconocidos casi siempre", asegura José Emilio Pacheco en Carta a George B. Moore en defensa del anonimato, uno de tantos textos en los que el autor reflexiona sobre su oficio, desde un enfoque humilde que otorga un papel determinante a quien, al otro lado del papel, recibirá los versos. "En realidad los poemas que leyó son de usted: / usted, su autor, que los inventa al leerlos", concluye el mexicano, que refrenda con esta sentencia una idea que había expuesto poco antes en las líneas de El centenario de Gustave Flaubert: "...Flaubert, como todo autor, dice nada más / lo que cada hombre y cada mujer que lo lea / sabe escuchar entre el rumor de sus páginas".
Tarde o temprano, el volumen en el que Tusquets reúne la poesía de Pacheco desde 1958 hasta 2009, confirma esa "actitud democrática del yo poético", como resaltó Carlos Monsiváis de este escritor que mañana recibirá el Premio Cervantes. El libro deja constancia de esa búsqueda lejos de la palabra solemne, un proceso que exhibe al hombre en su vulnerabilidad más descarnada. "Cuando el mono te clava la mirada / estremece pensar si no seremos /su espejito irrisorio y sus bufones", afirma una voz que desciende en múltiples ocasiones, valiente, a las zonas más oscuras de sí mismo. Pacheco traza su autorretrato con lucidez, proclama sus derrotas con severidad. "Ya es tarde para saber. / Soy ignorancia", admite en uno de sus perfiles. "En tantísimos años sólo llegué a conocer de mí mismo / la cruel parodia, la caricatura insultante / -y nunca pude hallar el original ni el modelo", reconoce en otro momento. Quizás porque advierte que "en la poesía no hay final feliz" y "los poetas acaban viviendo su locura", el autor entiende la escritura como una hoguera, un exorcismo, en los que arden "todo el dolor del mundo y todo el miedo".
El verbo de Pacheco alumbra el trayecto a la muerte, plantea resistencia al fin inevitable. El mismo autor señala que "mi único tema es lo que ya no está. / Sólo parezco hablar de lo perdido". Pero el tono elegíaco deriva también en destellos de celebración a la vida, el escritor elogia de los sapos su Lección de estilo: "A orillas de su charca (...) parecen dar las gracias por su breve existencia".
Pese al escalofrío íntimo que describe, la producción de Pacheco esgrime un profundo compromiso con la realidad circundante, un desvelo constante por el estado del mundo. "El mapamundi actual es como el de antes. / Una mancha feroz de fuego y sangre". Su preocupación por México -bellísima esa declaración de amor con reservas de Alta traición, uno de sus poemas más célebres- le lleva a indagar en la trastienda de la Historia, a recrear a los personajes que conformaron su pasado y rendir homenaje a poetas nacionales como Sor Juana, Francisco de Terrazas o López Velarde. Un país de naturaleza esplendorosa, erigido sobre la violencia, proporciona imágenes implacables: "Bajo el suelo de México verdean / eternamente pútridas las aguas / que lavaron la sangre conquistada".
A lo largo de catorce poemarios -los que recopila este Tarde o temprano- Pacheco demuestra su compasión por los desarraigados, por las víctimas: particularmente emocionante es la despedida que tributa a los fallecidos en el terremoto de México de 1985 en su libro Miro la tierra. "Ruego que me perdonen porque nunca encontraron / su rostro verdadero en el cuerpo de tantos / que ahora se desintegran en la fosa común / y dentro de nosotros siguen muriendo". La capacidad del hombre para el horror -"nadie podría decir nada más atroz / acerca de nosotros", expresa sobre las minas antipersona, "minas con forma de pelota y muñeca"- o la facilidad del individuo para transformarse en tirano -una conversión que describe en varias de sus creaciones- son cuestiones que interesan a un autor asustado por la ligereza con que vuelven a producirse los errores de la humanidad. "Dijimos: nunca más. / Y ahora, monstruosa, / se repite la historia" proclama en un poema cuya fuerza subraya un título rotundo, Limpieza étnica.
El ejercicio de memoria que realiza Pacheco es también un acto de gratitud a sus maestros, a la tradición que le ha precedido. En Contra Harold Bloom, Pacheco declara que "no podría escribir ni sabría qué hacer / en el caso imposible de que no existieran" las voces que marcaron a este "poeta excepcional de la vida cotidiana", como lo definió el jurado del Cervantes.
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