Estadio de la Cartuja

"El Estadio de la Cartuja es muchísimo mejor para hacer conciertos que los típicos pabellones multiusos"

  • Siete reconocidos técnicos de sonido dan sus impresiones sobre la idoneidad del Estadio de la Cartuja para la celebración de conciertos

Rosalía en el Estadio de la Cartuja

Rosalía en el Estadio de la Cartuja / Juan Carlos Muñoz

Para que Sevilla sea una ciudad de referencia en las giras de los grandes artistas internacionales debe tener un recinto apropiado, en el que tengan cabida de veinte mil a setenta y cinco mil espectadores. Actualmente se consigue en los tres estadios que hay, pero en el Benito Villamarín solo se realizan conciertos en las pocas fechas en que no se usa para el fútbol y en el Ramón Sánchez Pizjuán ni siquiera parece contemplarse la posibilidad. Solo queda el Estadio de la Cartuja, pero su uso suele ser motivo de una avalancha de quejas, principalmente por los problemas de sonido. Hay consenso sobre que el concierto de Rosalía tuvo un sonido catastrófico y que el de Marc Anthony dejó bastante que desear; también lo hay sobre que sonaron muy bien los de Fito & Fitipaldis o Vetusta Morla, por situarnos en los más recientes, que ocuparon una parte del estadio; de los que lo ocuparon al completo, muy pocas voces se alzaron contra el de Manuel Carrasco y entre los asistentes al concierto de Red Hot Chili Peppers fue imposible establecer un juicio concreto porque la diversidad de opiniones fue la tónica general.

Esto hace que nos planteemos algunas preguntas: ¿Cómo influye en el sonido el uso del estadio completo o solo de la parte sur?, ¿es normal que se aprecien tantas diferencias de sonido según la zona en la que estemos?; siendo en el mismo recinto ¿estas son achacables a la forma de trabajar de los técnicos o al propio estadio? Queremos saber si realmente el Estadio de la Cartuja es tan nefasto como se dice para celebrar conciertos y, de ser así, cómo podría arreglarse su acústica. ¿Merece la pena invertir en ello o no hay arreglo posible? Para aclarar todas estas cuestiones quise ponerme en contacto con técnicos de sonido que han trabajado allí y, aunque la mayoría de ellos no han querido hacer ningún tipo de entrevista o cuestionario para no entrar en valoraciones o comparaciones con otros staffs técnicos, he encontrado suficientes voces autorizadas para arrojar luz sobre el tema.

"Lo recuerdo como un espacio apropiado y cómodo; accesible. Quizás la magnitud del recinto complica un poco los montajes, pero nada a lo que no estemos acostumbrados como profesionales"

Una de las más válidas es la de Manel Bautista, que estuvo al frente de la sonorización de Manuel Carrasco y no considera que este estadio sea un espacio menos adecuado que otros para este tipo de conciertos. “Igual que otros tantos de nuestra geografía, como el Sant Jordi de Barcelona o el WiZink de Madrid, no está diseñado para este tipo de eventos, pero en todos ellos es posible realizar un estudio de forma que pueda darse cobertura al máximo de público que asiste, comenzando con la valoración del espacio a sonorizar, sabiendo desde el primer momento con qué aforo se cuenta y la distribución de este”. La opinión de Fabián Romero, técnico de amplio recorrido con bandas como Lori Meyers o Anni B. Sweet, va en la misma línea: “Es perfectamente viable con un buen estudio previo. La clave es conocer el espacio y consultar con los ingenieros locales que han hecho predicciones acústicas previas, como hizo Álvaro Elena, ingeniero de sistemas de Meyer Sound, junto a Alberto Ruíz, técnico de Vetusta Morla, logrando una gran sonorización”. Mario G. Alberni, propietario de los estudios Kadifornia y ganador de un Latin Grammy, tiene una opinión incluso más favorable: “Lo recuerdo como un espacio apropiado y cómodo; accesible. Quizás la magnitud del recinto complica un poco los montajes, pero nada a lo que no estemos acostumbrados como profesionales. Desde luego, muchísimo mejor y más apropiado que los típicos pabellones multiusos, tan de moda en las últimas décadas, todos ellos con una acústica lamentable”.

La primera conclusión es que no hay que demonizar al Estadio de la Cartuja y que la creencia popular sobre su falta de idoneidad para acoger grandes conciertos es errónea. “Ninguno de los recintos diseñados y construidos para deportes son fáciles de sonorizar en ninguna de sus capacidades”, mantiene Bautista; “todos tienen techos altos reflectantes, gradas con grandes inclinaciones; cubiertas que rodean las gradas, que dicen estar hechas para proteger de la lluvia y están pensadas para reflectar el clamor de los hinchas en la grada y que los jugadores lo sientan en el terreno de juego; en este estadio en concreto la cubierta y el ventanal del gol sur no acompañan para nada al desarrollo de un evento de este calibre”. En estos dos puntos incide también Sitín Ubreva, otro de los técnicos más veteranos y mejor valorados de Sevilla, que además apunta algunas soluciones. “El problema de la cubierta, preparada para realzar el rugido de las personas de dentro del estadio, resulta un hándicap tremendo para hacer música; se podría solucionar gastándose una pasta en que esa cubierta se abriese y cerrase de alguna forma, o prepararla para que absorbiera todas las frecuencias feas con paneles verticales; ¿pero vale la pena la inversión? es que así el alquiler del estadio subiría tanto como para que el productor se llevase el concierto al Wanda. La logística, infraestructura, entrada de camiones, hace que el escenario se coloque en el gol norte, o en el centro, pero siempre mirando hacia gol sur, donde hay una cristalera enorme que origina un rebote inmenso. Yo probaría como alternativa a la inversión económica algo más sencillo como situar el escenario en el gol sur, o en el centro apuntando al norte”.

Manuel Carrasco en el Estadio de la Cartuja Manuel Carrasco en el Estadio de la Cartuja

Manuel Carrasco en el Estadio de la Cartuja / Antonio Pizarro

La cantidad de público asistente y su situación son otros factores importantes a tener en cuenta. “Si en lugar de la mitad sur se usa el estadio al completo, ese espacio más grande requiere más sistema de audio, la reverberación es superior; hay más espacio a cubrir, por lo que se generan más reflexiones; todo junto crea un problema mayor”, según Bautista; algo que refrenda Alberni: “Con todo el campo hay que afinar bien, debido al rebote de las gradas, el retardo y la coloración de la cubierta, pese a que tiene nervios que ayudan a minimizar el rebote sobre ella. Hay que configurar muy bien el equipo, su respuesta y sus retardos a medio campo, para que todo funcione correctamente, y no comprometa la legibilidad del sonido”. “Yo he pasado por casi todos los recintos que hay en nuestra geografía en los que se desarrollan conciertos y le puedo asegurar que todos tienen su problemática”, continúa Bautista; “algunos mejores y otros peores, que luego mejoran una vez que el público ha entrado, ya que absorbe un poco la reverberación del lugar y esto hace que tú tengas algo más de control. Las reflexiones y reverberaciones que crean las cubiertas de los estadios, los techos en los multiusos y palacios de deportes son incontrolables sobre todo con el recinto vacío, por lo que haces unas pruebas de sonido que en muchos casos no sirven para nada. En definitiva, es muy complicado”.

José María Sagrista, que compagina labores de músico y técnico, habla de ingeniería acústica a la hora de llevar el sonido a los espectadores: “Por el tipo de material de construcción del estadio hay frecuencias que aumentan descaradamente, otras que desaparecen; hay problemas de cancelaciones de fase, porque hay ondas que en determinados puntos llegan en fase y en otros llegan en contrafase, con lo cual se anulan montones de sonidos y frecuencias, sobre todo si hay viento; por eso se ponen refuerzos para compensar los retardos y que todo suene al unísono. Si hay un retardo a la altura o detrás de la mesa de sonido de diez milisegundos, se produce un eco. Para evitarlo, hay que ajustar muy bien los retardos lanzando unos tonos, unos impulsos”. Ale Barranco trabaja con este tipo de diseños como técnico de Tote King: “Si en el diseño de sonido no se contemplase ningún tipo de refuerzo para las zonas de público más lejanas, recibirían allí más sonido reflejado que directo. Por el estadio han pasado buenos técnicos de mezcla que han conseguido hacer sonar muy bien el concierto, luchando con la mayor dificultad, que es hacer que se escuche decentemente sea cual sea el lugar en el que esté el espectador. Para eso hay que partir de refuerzos correctamente colocados, que no abandonen a espectadores que han pagado su entrada y tienen la ilusión de ver a sus artistas preferidos”. A esto último Bautista hace una aclaración importante: “Cuando haces un concierto de este tipo en un recinto de estas características, hay zonas que se ponen a la venta en las que es prácticamente imposible garantizar una escucha óptima; esta es una lucha continua que tenemos. Al igual que a veces se venden entradas de las zonas de baja visibilidad, también tendríamos que poner que son zonas de baja acústica y no se puede garantizar un sonido nítido; porque el público las compra, pero luego también se queja y deja ir toda su ira en las redes sociales, donde escribir es gratis. En definitiva, cuando hacemos este tipo de eventos damos por hecho que habrá quejas del público; nadie sabe los pormenores de cada producción en cada espacio y le puedo asegurar que no es fácil: muchas veces se habla sin saber o sin buscar un porqué”. Romero tiene algo muy claro: “Los anillos superiores de las gradas no los abriría a la venta en ningún caso”.

"Este recinto tiene una cierta resonancia que favorece que sonidos guitarreros, pop y rock suenen bien y otros más procesados tengan verdaderas dificultades"

David Linde, programador de conciertos y tour manager con muchas bandas, habla sobre los equipos técnicos que se contratan para las giras: “Son muy distintos entre sí y no todos valen para todos los espacios. Entiendo que cuando cierras una gira, contratas el equipo que mejor te sirva para la mayoría de espacios, pero no todos son iguales y es caro modificarlos solo para una plaza”. Aun teniendo esto en cuenta, asumimos que las grandes figuras que vienen al Estadio de la Cartuja no escatiman en equipo; entonces, las diferencias de sonido que se aprecian de un concierto a otro, siendo en el mismo recinto ¿son achacables a la forma de trabajar de los técnicos? Bautista cree que sí tiene que ver, “pero no todo es achacable al técnico que mezcla; hay otras personas y otros muchos factores que intervienen en todo esto; como el equipamiento escogido y el técnico de sistemas, que es una persona imprescindible para este buen hacer”. Barranco le respalda: “Depende casi siempre del técnico de PA -public address-, es decir, el que hace la mezcla hacia el público. Tiene que tener la capacidad y la astucia de utilizar un volumen general correcto y saber sacar los elementos importantes para que todo funcione. A no ser que el montaje sea tan deficiente que no tenga con lo que trabajar, cosa que no ocurre en ninguno de los montajes que se hacen en este estadio”.

Llegados a este punto conviene diferenciar entre calidad de sonido y calidad de mezcla, de equilibrio sonoro. Alberni nos aclara que “la zona centrada frente al escenario es la más amable de audición y donde hay mayor balance de mezcla; a medida que te alejas o desplazas en el eje de simetría central ese equilibrio empeora. No es cosa de los técnicos de PA, más bien de la disposición del sistema de sonido y su configuración”. “El sonido lo ajusta el técnico que monta el equipo, no el técnico de mezcla”, añade Ubreva; “sobre el ajuste de sonido, el técnico de PA pone en las pruebas una música que conoce, se da paseos y ve como suena; le pide al montador que le suba los altavoces laterales, la parte de atrás, más subgraves en el lateral, quiere la misma presión de bombo en la grada que en la pista…” y después hace la prueba de sonido definitiva con el artista, el más importante eslabón de toda esta cadena. Sobre ellos habla Alberni: “Este recinto tiene una cierta resonancia en frecuencias medias-agudas que favorece que sonidos guitarreros, pop y rock, como los de Knopfler, Fito, Springsteen o AC/DC suenen bien, y otros más procesados tengan verdaderas dificultades de legibilidad, como U2, Madonna, o Rosalía”. Era imposible que no surgiese de nuevo este nombre: Rosalía. Su concierto creó tantas controversias que consideramos necesario publicar este artículo, que espero aclare muchas dudas sobre el sonido del estadio. Sin embargo, Alberni también tiene palabras que sirven como gran apostilla: “Siempre hay opiniones y gustos para todo. Lo que a unos nos parece lamentable, a otros les parece excelente. Es la vida misma”.

Público asistente al concierto de Marc Anthony Público asistente al concierto de Marc Anthony

Público asistente al concierto de Marc Anthony / Juan Carlos Muñoz

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