Exiliados y folclore

Pablo J. Vayón

29 de agosto 2014 - 05:00

XV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Sara Rosique, soprano; Alberto Plaza, guitarra. Programa: 'La canción española del XIX al XX' (obras de Salvador Castro de Gistau, Fernando Sor, Isaac Albéniz, Felipe Pedrell y Manuel de Falla). Lugar: Jardines del Alcázar. Fecha: Miércoles 27 de agosto. Aforo: Casi lleno.

La soprano sanluqueña Sara Rosique y el guitarrista manchego Alberto Plaza forman un dúo estable de gran versatilidad, ya que ella se ha curtido en la música antigua y él no le hace ascos a los instrumentos de época, de forma que tienen a su disposición un repertorio amplísimo, de los vihuelistas españoles del XVI a la música actual. En el Alcázar se presentaron con un programa que reunía a un par de famosos exiliados de principios del XIX, Gistau y Sor, con tres de los pilares del nacionalismo español, el tarraconense Pedrell, su auténtico diseñador e impulsor, el gerundense Albéniz, uno de los genios del pianismo mundial, y el gaditano Falla, quintaesencia del folclorismo en sus famosas Siete canciones populares españolas que cerraban el concierto y que, por premuras de tiempo, quedaron en cinco, excluidas la Jota y la Canción.

Con la Asturiana de Falla Rosique alcanzó uno de los mejores momentos de su recital por la flexibilidad que mostró en el fraseo, algo rígido en las dos primeras piezas de la colección. La voz de Rosique es muy bella en el centro y de apreciable homogeneidad. Canta con gusto, claridad e intención expresiva, aunque se echa en falta algo más de variedad en el color y, sobre todo, en el manejo de reguladores. A las jugosas seguidillas de Gistau y Sor, que Plaza acompañó con una preciosa guitarra romántica, les faltó un punto de chispa y de gracia, aunque por lo demás fueron dichas con tersura y limpieza impolutas. Estupenda línea mostró la soprano gaditana en las bellísimas y breves canciones de Albéniz sobre Bécquer y un muy adecuado empleo de la declamación en las algo más arduas composiciones de Pedrell, cuyo complejo acompañamiento guitarrístico puso en algún aprieto a un Plaza que estuvo toda la noche muy atento a la respiración y los acentos de su compañera.

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