Flamenco de fiesta | Crítica El flamenco es un cuchillo

Manuela Ríos fue una de las protagonistas de esta fiesta. Manuela Ríos fue una de las protagonistas de esta fiesta.

Manuela Ríos fue una de las protagonistas de esta fiesta. / Grupo Joly

Empieza el grupo al completo por bulerías. Luego Manuela Ríos se apodera del escenario con un tango poderoso, frenético, sensual. Muy técnico y muy directo como solo esta bailaora, una de las mejores de su generación, es decir de hoy, puede hacer. Íntimo y delicado, erótico y místico. Este podría haber sido el motivo del título de la obra ya que tango, una palabra al parecer de origen bantú, significaba, cuando se originó en La Habana, a principios del siglo XIX, fiesta.

Poco a poco percibo que cada intérprete va a tener la oportunidad de lucirse en cada uno de los números sucesivos. Juanfra Carrasco da fe de la calidad de su timbre vocal en unos fandangos de inspiración caracolera muy emotivos. Manuel Tañé pone su poderío al servicio de la seguiriya jerezana. Y José Lérida, como no podía ser de otra manera, convierte en un salmo a la soleá trianera. Pepe Torres, grandísimo bailaor, se gusta en la soleá por bulería que inicia nervioso. Eso de jugárselo todo a un solo número tiene estas cosas, pero que después de los primeros remates y con una falseta del Gastor a cargo de Rafael Rodríguez, se asienta en el carácter pastueño que es la marca de esta familia flamenca. Un bailaor carismático que nunca deja indiferente.La cosa camina hacia su final cuando se cita al joven Pedro que, desde el patio de butacas sube al escenario para introducir el fin de fiesta. El programa de mano dice que Estébanez Calderón asoció las dos palabras del título de la obra en sus Escenas andaluzas. Lo cierto es que la palabra flamenco no aparece en el texto con el significado actual sino con el de cuchillo, en un par de capítulos que carecen de contenido musical.

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