Flamenco Kitchen | Crítica de Flamenco Un auténtico musical flamenco

Una imagen promocional del espectáculo. Una imagen promocional del espectáculo.

Una imagen promocional del espectáculo. / M.G.

Con un teatro a rebosar (dentro de lo permitido) de público teatrero y flamenco, el teatro TNT del Distrito Norte puso fin a su programación Fest con un espectáculo surgido de su propio Centro de Investigación. Se trata de Flamenco Kitchen, la primera obra de la compañía, Nómadas, fruto de la unión entre la cantaora y bailaora Ana Salazar, la cantaora Inma la Carbonera y la directora de escena Juana Casado.

Estrenado en el Festival de Jerez del pasado año, Flamenco Kitchen llega por primera vez a Sevilla con una nueva incorporación, la de la bailaora chiclanera Macarena Ramírez, que viene a unir sus magníficas dotes a un grupo que se presenta perfectamente empastado, tanto en lo dancístico como en lo musical. Porque, además de los bailes corales, casi siempre festivos, son ellas las que, bajo la batuta del hombre orquesta Roberto Jaén, ponen ritmo en muchas ocasiones, con cubiertos y cacerolas, a las acciones que tienen lugar en una gran cocina en la que todos ellos trabajan en precario y con pocas perspectivas de futuro.

Cada uno tiene allí su propia historia –una tiene problemas con el marido, otra no tiene papeles, él único hombre, casado, tiene una historia con otra de las empleadas…- y su momento de lucimiento individual, aunque no hay ningún divismo en el grupo y todos dan lo mejor de sí, tanto en una primera parte más festiva, donde suenan bulerías, tanguillos, alegrías o tangos, como en la segunda, más reflexiva, en la que el cante se vuelve pausado y las letras de Luz Valenciano más reivindicativas.

Todos están estupendos en lo flamenco y asumen con frescura y soltura la parte teatral. Ana Salazar canta –incluso por tarantas- y baila con maestría, Hiniesta pone ese baile de caderas con un sabor que ya no se encuentra, Ángeles Gabaldón –aunque sea rumana- nos deja un montón de detalles de su hermoso baile sevillano y Ramírez, la más jovencita, de su técnica y su precisión.

Con ellas, en escena Roberto Jaén toca la percusión, canta y con la maestría que lo caracteriza no deja que decaiga el ritmo mientras que Inma la Carbonera está sencillamente inmensa, pasando de los tangos a las peteneras o a una fantástica versión de El último trago de Chavela Vargas. A un lado del escenario, Paco Iglesias pone con su guitarra la música que él mismo ha compuesto.

Ya se sabe que una cocina es un mundo y esta podría dar para muchas historias, pero no hay tiempo para desarrollarlas y algunas se quedan únicamente apuntadas. También hay un momento final de reivindicación, pero por encima de todo, Flamenco Kitchen es un estupendo musical, bien dirigido y bien interpretado en el que el teatro y el flamenco -de Sevilla y Cádiz sobre todo- se unen para diversión y disfrute de un público que aplaudió encantado durante muchos minutos.

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