la casa de los espíritus | Crítica de teatro

Impresionante espectáculo

Carmen Conesa, en la versión teatral de ‘La casa de los espíritus’

Carmen Conesa, en la versión teatral de ‘La casa de los espíritus’ / Jesús Ugalde

Hercúlea producción en sus valores artísticos. Parecería imposible llevar al teatro una novela río como la ópera prima de Isabel Allende. Carme Portacelli y Anna María Ricart lo han conseguido con sobresaliente cum laude.

No se engañen, son tres horas y media donde se ponen a prueba todas las técnicas teatrales. Con una escenografía basada en tres pantallas y el movimiento de sillas Portacelli realiza el milagro de los panes y los peces. Multiplica en un carrusel las escenas, superpone acciones, intercambia espíritus por vivos pero, sobre todo, da una lección espeluznante de sabiduría teatral.

Hay en este espectáculo todo un magisterio que ningún estudiante de cualquier disciplina dramática debería perderse, desde los simples apartes al público, necesarios en ocasiones para contextualizar lo que fue la historia del siglo XX de Chile, los intercambios de personajes con un simple tocado o la superposición de interpretaciones (sólo Francesc Garrido y Carmen Conesa se mantienen fijos a un papel). Imagino el otro espectáculo que se debe vivir detrás de las bambalinas con esos diez actores, perfectos, entrando y saliendo para dar vida a esta epopeya sentimental que cuenta la vida de la familia Trueba y el ascenso del socialismo al poder con su caída a manos de la dictadura de Pinochet.

El traje de sirena de Carmen Conesa es una estela a la que nos agarramos para volar en esta maravillosa creación que no escatima en arte ni en tiempo para contar toda su historia.

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