Manuel, Gabriel y José de la Tomasa | Crítica Convicción y desparpajo

José de la Tomasa, un patriarca jondo. José de la Tomasa, un patriarca jondo.

José de la Tomasa, un patriarca jondo. / Grupo Joly

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Tres grandes artistas de una misma familia que, a su vez, posee una larga tradición jonda. La sorpresa para muchos fue el desparpajo del joven Manuel de la Tomasa que no sólo sabe estar en las tablas sino que además está llamado a ser una figura de lo jondo. Por convicción, por la entrega con la que concibe el ejercicio jondo. Y por la juventud arrolladora que se proyecta en un chorro de voz deslumbrante. No posee una tesitura amplia y eso hace que su pelea con la melodía revista tintes épicos. Poderoso y vital en la soleá. Redondo en las tarantas. Y muy personal en las bulerías, aunque se mire en los clásicos, singularmente en Jerez. Gabriel de la Tomasa es un profesional asentado en el panorama jondo que forma parte actualmente del elenco del Ballet Nacional. Mostró su versatilidad en las cantiñas, con letra paterna y en las malagueñas, también con una letra de José de la Tomasa, que remató por jaberas. Cerró su recital con una soleá trianera de los alfareros con un emotivo recuerdo a Antonio Mairena.

Y el patriarca. Un maestro. Sobre todo en la sobrecogedora seguiriya: muchas veces se la hemos escuchado y cada vez parece recién hecha. Pulida, brillante y directa. Cantó también la caña, en la versión para el baile de Rafael Romero, y los fandangos de posguerra en los que se acordó de su padre, el gran Pies Plomo. Juntos abrieron por soleá por bulerías y cerraron con unas solemnes tonás. Los dos miembros más jóvenes de la familia cantaron además, mano a mano, un romance al estilo de Mairena, esto es, por soleá bailable. Impecables los acompañamientos de guitarra, con un soberbio Paco Cortés que ha cumplido ya los 40 años sobre las tablas.

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