Juan Perro | crítica

Venía vacilón

  • El Ciclo de Canción de Autor 'Al alba' fue el marco en el que Juan Perro presentó, de forma íntima y desnuda, las canciones de su reciente disco 'El viaje', ante un entusiasmado público, que llenó el Espacio Turina.

Juan Perro disponiéndose a comenzar su concierto Juan Perro disponiéndose a comenzar su concierto

Juan Perro disponiéndose a comenzar su concierto / José Miguel Carrasco

Juan Perro hizo en Sevilla un alto en la gira de rodaje de su reciente disco, El viaje, del que va desgranando canciones a solas con su guitarra antes de llevarlas de nuevo a los escenarios con una banda completa. Aunque algunas no tan a solas porque, entre risas, iba sumando a ellas al público que llenaba el Espacio Turina y así en Agua de limón consiguió ensamblar un coro perfecto para su estribillo. Échale un cubito porque vengo vacilón; dice el protagonista de esta canción, y así venía él también y no dejó de vacilarnos en las interpretaciones e introducciones de las canciones, con unas parrafadas deliciosas y además educativas, porque con ellas aprendimos que el ritmo asimétrico de piezas de jazz como la mítica Take 5 viene de los cantus et saltatio de los moros, o a través de la etimología del Ámbar, que da título a otra de sus nuevas canciones, que el rock and roll proviene de la Grecia Antigua.

Además de las canciones citadas, Juan Perro nos metió de lleno en el particular universo de su viaje a través de otras nueve más, comenzando con la reflexión de lo difícil que nos resulta ahora a todos encontrar nuestro lugar, que fue Los inadaptados. Una reivindicativa copla fue En la frontera, con aires mejicanos, y Nada una exaltación del nihilismo; en el lisboeta barrio de Alfama encontró Juan Perro sensaciones perdidas de su niñez y con ellas compuso De un país perdido; de la tradición lírica española salió el zéjel que es A morir amores, transformado en híbrido gongoriano con aires de son cubano; El desterrado hablaba de los españoles que han tenido que irse lejos a buscarse la vida… y entre ellas fue salpicando las de viajes anteriores, de Cuba a Nueva Orleans, rescatando Perla oscura o Río negro.

En los bises volvió el Santiago Auserón de los 80 a través de una Semilla negra aún más ennegrecida al alargarla, manteniendo el estribillo, con las estrofas de una guajira y del Yo como candela de Benny More, para terminar con La estatua del jardín botánico de forma triunfal.

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