María Pagés cerrará la temporada del Maestranza con alma de cine

La coreógrafa, estrella del cartel del Flamenco Festival, tiene en proyecto una colaboración con Niemeyer · "Sé que he contribuido mucho a la difusión internacional del flamenco", reconoce

María Pagés, el pasado jueves en el Guggenheim de Nueva York.
María Pagés, el pasado jueves en el Guggenheim de Nueva York.
Patricia Godino / Nueva York / Enviada Especial

16 de febrero 2010 - 05:00

"El espejo en que te miras, te dirá como tú eres / pero nunca te dirá los pensamientos que tienes". Con la Soleá del espejo, tan honda como sencilla, se abre el Autorretrato de María Pagés, un espectáculo, estrenado en España en la pasada Bienal de Sevilla que la bailaora y coreógrafa interpretó durante el fin de semana ante un repleto y entregado público en el New York City Center, dentro del programa del USA Flamenco Festival. Entre el auditorio la presencia, siempre discreta, de la leyenda viva de la danza, Mijail Baryschnikov, que fue quien años atrás, en una colaboración conjunta en su centro, pidió a la coreógrafa que se parara ante el espejo "para traducir lo que viera en un movimiento, en una atmósfera, en una situación escénica", explica Pagés durante su desayuno -un té y algo de fruta, "el pan con aceite no se estila aquí", bromea- horas antes de su actuación en Manhattan, dentro de una agitada gira que la llevará en las próximas semanas por varias ciudades del mundo: Miami, Londres, Bolonia, San José de Costa Rica, Bregenz (Austria), Rabat… y anoche, y apenas sin tiempo para cerrar la maleta, Vancouver.

La compañía de María Pagés fue llamada para actuar en el Orpheum Theatre, dentro de la programación cultural de los Juegos Olímpicos de Invierno. Una gira por teatros de primer nivel que da fe, para quien lo dude, de que el flamenco es un idioma universal, que emociona más allá de nuestras fronteras. Precisamente ahora que se estudia su candidatura como Patrimonio Intangible e Inmaterial de la Humanidad ante la Unesco. "Mi presencia internacional siempre ha sido muy fuerte, en teatros y festivales a un nivel comparable con cualquier otra de las artes. Cada vez que haces algo y emocionas, estás ayudando a que se considere el flamenco en otras culturas y disciplinas", sostiene esta mujer franca, de sonrisa fácil y verbo seguro que cerrará la temporada en el Maestranza (los días 29 y 30 de junio) con un montaje que celebrará el 20 aniversario de su compañía y una vida cosmopolita muy ligada al séptimo arte.

Y es que la bailaora de los brazos eternos y la elegante estampa pasa por ser una de las coreógrafas más solicitadas para compartir experiencias, vocabulario escénico e inquietudes con colegas de otras cunas creativas. Fue el caso de su colaboración con Tamara Rojo, primera figura del Royal Ballet Covent Garden en Londres o el reciente proyecto con el belga de origen marroquí Sidi Larbi Cherkaoui en Dunas, el fructífero diálogo entre la danza contemporánea y el flamenco que estrenaron el pasado noviembre en Singapur y que llevará de gira por España. Lo próximo será un paso a dos con el bailarín Ángel Corella para el espectáculo que el coreógrafo lleva del 17 al 20 de marzo también al City Center neoyorquino con el Corella Ballet Castilla y León. "Yo empecé acercándome a todo lo que nos rodeaba y que me podía inspirar aunque no fuera propiamente flamenco. Y ahora veo que el interés es al revés. Son ellos los que están pidiendo ese acercamiento. Y eso nos da a entender que hay una necesidad en el arte por tener otras fuentes de inspiración. Y ahí está el flamenco", explica.

Apostar por la creatividad ha sido decisivo. "Antes parecía que la creación en el flamenco no era un aspecto que se tenía que tener tanto en cuenta, sino sólo la interpretación. Cuando me dieron el Premio Nacional [de Danza, en 2002] lo que más ilusión me hizo fue que lo dieran a la creación porque este aspecto no era tan reconocido en los intérpretes. Cuando empecé, la palabra coreografía no era un término familiar en el flamenco, sonaba nuevo, casi costaba pronunciarla. Y yo sé que he tenido mucho que decir en eso y que he tenido buenos maestros".

Como maestra ha sido Pagés, que se formó al lado de Antonio Gades, para la malagueña Rocío Molina, uno de los puntales más interesantes del la vanguardia del baile. "Es una persona que tiene mucho talento, tiene seriedad en el trabajo, conocimiento y creatividad. Tiene muchas inquietudes y la fuerza para estar en esto. Porque a veces no basta con tener talento y voluntad… hay que tener algo más para llevar todo eso adelante y para convencer", glosa María de esta bailaora que ingresó en su compañía en 2001 y que en el Flamenco Festival, aparte de participar en la gala inaugural, llevó hasta Nueva York su Oro Viejo.

Ya sea como maestra, como directora de su compañía, como coreógrafa y, en definitiva, como creadora de un lenguaje propio que emociona a diferentes culturas, María"siempre" está llena de ideas. "Es mi motor, lo que me hace seguir". Una futura y entrañable colaboración, aún embrionaria, con el nonagenario brasileño Oscar Niemeyer, figura imprescindible de la arquitectura contemporánea o un montaje que tendrá mucho en común con el cine son sus próximas propuestas.

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