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Marina Heredia | Crítica

El ritual de la zambra

Marina Heredia y cu coro femenino en las tablas del Maestranza.

Marina Heredia y cu coro femenino en las tablas del Maestranza. / La Bienal/Claudia Caro Ruiz

Qué bella la fiesta de la zambra. Fue además una fiesta muy íntima, a media voz en muchos pasajes. Muy granadina: jardines abiertos para pocos, apenas llegaba a la media entrada el aforo del Maestranza. Se trata de estilos muy característicos que, fuera de su lugar natural, solo pueden llevarlos a cabo los naturales del Sacromonte. Es una ley flamenca no escrita, pero de estricto cumplimiento. Los cantos de boda, de la rueda, el círculo como símbolo de fecundidad. Y las letras explícitas: "La picarilla de la mosca,/ que donde me vino a picar,/ debajo del delantal" que Marina dijo arropada por cinco mujeres granadinas (no todas lo son, ciertamente) y de una forma casi pudorosa. No es sólo la mosca, también la cachucha que, aunque natural de Cádiz, tomó carta de naturaleza en el Sacromonte, después de recorrer toda Europa. Y, naturalmente, la alboreá.Fue la recta final de un recital que se vio enriquecido, en su segunda parte, por un estupendo coro femenino que aportó matices, colores, vocales y de vestuario, al concierto. De esta guisa encararon los estilos típicos de Granada, aquellos en los que esta intérprete se encuentra como en su casa. Además de los mencionados, los fandangos del Albaicín, deliciosos. Y los tangos del Sacromonte. Antes había sonado el Soneto de la dulce queja de Federico García Lorca a ritmo de bolero que Marina dijo de forma gustosísima. Y también dos de las Siete canciones populares españolas de Falla en arreglo para guitarra, percusión y voz flamenca: devolviendo, de esta manera, a la voz popular lo que Falla había tomado de ella. Se trataba de la bellísima Asturiana y la no menos bella Nana a las que El Bolita sometió a un arreglo luminoso y Heredia dijo con solemnidad e intimismo. También es de destacar la versión del Bolita de la Farruca del Molinero, de El sombrero de tres picos, una transcripción en donde se aprecia claramente lo que Falla tomó de la guitarra flamenca del momento, rasgueados incluidos. Completaron la selección de composiciones del gaditano su Canción del fuego fatuo, de El amor brujo, en estupendo arreglo para coral flamenca en la que destacó la voz de Aroa Fernández.

La primera parte del recital discurrió por los caminos de los estilos flamencos tradicionales dichos a la forma de Marina Heredia. Una soleá algo acelerada y una seguiriya resonante. También dos composiciones de nuevo cuño, aunque asentadas en la tradición, cantiñas y farruca. El Bolita, además de sus composiciones y arreglos, ofreció su habitual toque tenso y lírico para el cante. Paco Fernández fue un sostén rítmico y ofreció un acompañamiento pleno de matices que la da enorme riqueza a la música. Heredia cantó con desenvoltura y naturalidad, con sus bajos prodigiosos y sus altos sentimentales. Comenzó su recital con la frase "aquí estamos, un año más". En efecto, el suyo es uno de los nombres fijos de la Bienal.

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