ORQUESTA BÉTICA DE CÁMARA | CRÍTICA Mirando al centenario

Antonio Salguero.

Antonio Salguero. / Luis Castilla

La Orquesta Bética de Cámara comienza ya a preparar la celebración de su primer centenario, que se cumplirá de aquí a un par de años y que bien merece que las fuerzas vivas de la ciudad arrimen un poco el hombro para agasajar debidamente a nuestra orquesta más veterana.

Entretanto, sigue manteniendo su ciclo de conciertos mensuales contra viento, virus y marea, instalada en un notable nivel de calidad, especialmente en el repertorio clasicista y del primer romanticismo en el que se ha instalado en los últimos programas y en el que se mueven, orquesta y director, con gran soltura y maestría.Salguero es un valor siempre seguro y así lo demostró con su clarinete en La del que extrajo sonoridades sedosas al máximo, con graves profundos y redondos y un fraseo perfectamente articulado combinado con una impecable precisión y unas agilidades espléndidas. Maravilloso su modo de paladear la melodía del Adagio. Thomas acompañó con mimo y atención a los acentos.

A pesar de un sonido poco empastado en los violines, la sinfonía de Beethoven sonó con energía, con una sección de maderas inspiradísima y con tempos vivos y ágiles.

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