Muere en Córdoba Antonio Povedano, un maestro del paisaje

El artista, que tenía 89 años y permanecía en activo, dirigió su obra hasta un expresionismo casi abstracto y fue un referente para centenares de pintores

Antonio Povedano, en una imagen tomada en su estudio.
Antonio Povedano, en una imagen tomada en su estudio.
Alfredo Asensi / Córdoba

08 de septiembre 2008 - 05:00

Hasta sus últimos momentos de consciencia estuvo pensando en la exposición siguiente, trazando en su prodigiosa sensibilidad de artista el cuadro que le faltaba por pintar, la pincelada intuida y aún no ejecutada. El mes pasado acudió a su cita anual con Priego, con su curso y sus alumnos, con los paisajes de su infancia. Tenía muchos años (89) y algunos achaques, pero su ilusión y su compromiso eran más fuertes. "Al artista sólo lo jubila la muerte", solía decir. En Priego empezó a sentirse mal y todo vino seguido. Regresó a Córdoba, ingresó en el hospital. Hace dos días aún hablaba de sus proyectos. Murió en la madrugada del domingo, sin darse cuenta. Se ha ido Antonio Povedano, figura nuclear del paisajismo español del último medio siglo, poeta del pincel en las estribaciones más lúcidas del paisajismo de vanguardia, maestro durante décadas de centenares de pintores aficionados y profesionales, retratista, vidriero, gestor cultural, devoto del flamenco, de la cultura, de la vida.

Nació en Alcaudete (Jaén) en 1918, se estableció con su familia en la aldea El Cañuelo, cerca de Priego de Córdoba, y pronto dio muestras de una inclinación artística que, ya en su juventud, pasada la Guerra Civil, le llevó a conseguir una beca de la Diputación de Córdoba y a iniciar sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad. Realizó en dos años los cuatro cursos de la Escuela y en 1944 comenzó sus estudios superiores en la sevillana Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría.

Al año siguiente, una nueva beca de la Diputación le permitió continuar su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde obtuvo el título de profesor de Dibujo Artístico. Conoció a Daniel Vázquez Díaz, que resultaría fundamental en la configuración de su personalidad artística, y en 1949 realizó su primera muestra individual en la Sala del Casino de Priego. Fue el inicio de su intensa trayectoria artística, ya plenamente dotado de los recursos que le llevarían a desarrollar sus inquietudes artísticas, cifradas ya desde el principio, como ha escrito el director de la Escuela de Arte Mateo Inurria, Miguel Clémentson, en "una visión constructivista de la pintura" que en los años 60 evolucionaría "hacia ámbitos estéticos más intuitivos y exaltados": un expresionismo casi abstracto en el que el artista "no establece evocación referencial de elemento natural alguno".

La década de los 50 resulta para el artista rica en experiencias: expone varias veces en Córdoba y Madrid, participa en la primera Bienal del Mediterráneo (Alejandría) y en la Bienal Internacional de Arte de Venecia, entre otros acontecimientos internacionales, se casa con Carmen Marruga y nacen sus hijos Antonio y María del Carmen (en 1967 nacería su segunda hija, Elisa).

En 1963 obtiene por oposición la plaza de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba y en los años siguientes incrementa su labor creativa, ampliada ya a otros campos como el de la vidriera. Modula su sintaxis, matiza su cromatismo, se alía con la luz, pinta los paisajes andaluces como quien aspira a renacer siempre en ellos. Escarba en cada inquietud hasta perfilar un logro. Es ya un artista con mayúsculas.

Fue director de la sala de arte de la Escuela desde 1981 hasta 1984 y miembro de la Real Academia de Córdoba desde 1986. Son los años en los que empieza a recibir homenajes y reconocimientos: el Premio Nacional a las Artes Plásticas en el Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez, una calle con su nombre en su localidad natal, Alcaudete... La noticia de su muerte fue ayer un latigazo de dolor que recorrió su entorno. En el paisaje de su último suspiro se desliza el sollozo de todos los que lo quisieron y lo admiraron.

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