Inagotable Billy Shakespeare
Billy's Joy | Crítica de Teatro/Danza
La ficha
*** ‘Billy’s Joy’. Needcompany. Texto: Victor Afung Lauwers. Dirección artística: Maarten Seghers, Grace Ellen Barkey, Jan Lauwers. Dramaturgia: Elke Janssens. Música: Maarten Seghers. Creadores: Jan Lauwers, Grace Ellen Barkey, Emily Hehl, Nao Albet, Gonzalo Cunill, Romy Louise Lauwers, Juan Navarro, Maarten Seghers, Meron Verbelen, Martha Gardner, Elke Janssens. Lugar: Teatro Central. Fecha: Viernes, 10 de noviembre. Aforo: Tres cuartos.
Durante la pandemia, Victor, el hijo del líder de la Needcompany, Jan Lawers, escribió un texto con personajes sacados de las tragedias de William Shakespeare (Billy para los amigos).
Así nació aquel Billy’s violence que vimos justo hace dos años en este mismo escenario. Ahora, con el ánimo si no optimista sí menos atribulado, el mismo Victor ha escrito Billy’s Joy, otro texto con personajes de sus comedias y otros, como Romeo, sacados de su contexto original.
Algunas frases de esas comedias, cuyos títulos van apareciendo en el fondo, al igual que los sobretítulos de los diálogos, se mezclan con algunas pinceladas de los cuentos de Grimm y con un ir y venir del inglés del siglo XVI al lenguaje de hoy para contarnos una historia imposible y excesiva, repleta de citas, referencias a temas tan actuales como el género o las construcciones identitarias fluidas e imágenes que nos remiten a trabajos anteriores de la Needcompany, como la de la cocina de Morning Song.
Una historia caótica e inagotable que ellos sitúan en un absurdo y grotesco país de las hadas y que sostienen unos personajes –Oberon, Romeo, Blancanieves, el oso Pourquoi...– que no paran de bailar, de brincar, e incluso de cocinar durante todo el espectáculo.
Nos salva del agotamiento –y en ocasiones del aburrimiento– el trabajo de sus ocho fantásticos intérpretes, en los que se observa un relevo generacional de la compañía, aunque a la cabeza nos encontremos una siempre magnífica Grace Ellen Barkey, con su ya tradicional atuendo de princesa clown indonesia.
Todos ellos se entregan sin límites a los excesos de una propuesta que pone en discusión muchos de los valores que conocemos y cuyo hilo conductor, el que los une y nos une orgánicamente, una vez más, es la música eficacísima y vivificadora de Maarten Seghers.
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