ORQUESTA BARROCA DE SEVILLA | CRÍTICA Un arroyo que se hace un océano

Decía Beethoven, a propósito de Bach, que su nombre no debería ser Bach (’arroyo’ en alemán), sino Océano, dada la inmensidad y la profundidad de su música. Y así es, aunque hay también que pensar que dicho océano se nutre de numerosos arroyos que le aportan parte de su grandeza. En el caso de Johann Sebastian debemos hablar de toda la tradición secular de músicos de su familia que confluyen en su herencia musical y que nutren de tradición y de sabiduría artística al mayor genio de la familia.

Uno de esos afluentes es su primo Johann Bernhard, quien estudiara con Johann Sebastian en Weimar y quien acabaría trabajando casi toda su vida en la villa natal del genio, Eisenach. Su suite nº 1 es una composición notable, con paralelismos con las de su primo y que en manos de la OBS obtuvo una interpretación suntuosa, desde una obertura muy a la francesa en la que se remachó el ritmo de las notas con puntillo y en la que los ataques fueron fulminantes, cargados de energía y con una precisión y un sonido admirables. Sebastián se instaló gozosamente en un fraseo incisivo y acentuado que le llevó a una espectacular versión del BWV 1052 cercana al Sturm und Drang por su dramatismo y su juego de colores contrastantes en las cuerdas, mientras desgranaba con precisión su parte solista. Mercero, por su lado, se explayó en brillantez de sonido y en imaginación ornamental en el BWV 1042, con impresionante dosis de virtuosismo. Y un dechado de matices dinámicos la versión de la Ciacona de Muffat como colofón.

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