Paco Peña vuelve a triunfar en su ciudad

Paco Peña, el pasado martes, con algunos de sus acompañantes, entre ellos El Pele (a la derecha).
Paco Peña, el pasado martes, con algunos de sus acompañantes, entre ellos El Pele (a la derecha).
Francisco Martínez

08 de julio 2010 - 05:00

Paco Peña y su Compañía Flamenca. Artista invitado: El Pele. Coro Ziryab. Fecha: martes 6 de julio. Lugar: Mezquita-Catedral. Unas 2.000 personas.

Tras un Ave María de Tomás Luis de Victoria interpretado por el Coro Ziryab a modo de inicio, llegaron los acicalados y clásicos sonidos flamencos de Paco Peña: eran los primeros sones de guitarra de la trigésima edición del Festival de la Guitarra. Fue por peteneras y fandangos, junto a Rafael Montilla como segundo tocaor. Resultó un confortante prólogo a la Misa flamenca que el guitarrista cordobés, junto a su compañía y El Pele como artista invitado, presentó con éxito el pasado martes en la Mezquita-Catedral, en la zona ampliada por Almanzor.

Paco Peña, a manera de maestro de ceremonias, mantuvo el pulso sonoro de toda la Misa, marcando las directrices a seguir con su toque, siendo el enlace y la referencia para cada uno de los cantes que se sucedieron. En su composición, Peña ha sabido incrustar sin disonancias un coro, que en el caso del Coro Ziryab armonizó fluidamente con los artistas flamencos.

Como artista invitado, El Pele destacó en cada uno de los cantes encomendados, sobre todo en los martinetes del Padre Nuestro, aunque también hay que reseñar su fandango y las bamberas en el Canto eucarístico y de despedida. Fiel a su manera de enfocar el cante, este gitano cordobés tuvo el margen suficiente, dentro del guión establecido, para exponer sus propios criterios melódicos, sugerentes detalles en el encauzamiento de los estilos para reforzar un sonido y una actitud flamenca personales. La incorporación de El Pele a esta Misa flamenca aportó mayor frescura e intensidad anímica a la obra, contribuyendo a reforzar la calidad artística que de por sí evidenció la Compañía de Paco Peña.

Parece no pasar el tiempo por El Chaparro, al menos su voz mantiene la solidez de volumen y firmeza expresiva que le hace ser un cantaor de enorme valía por honestidad en la exposición de sus cantes, así como por conocimiento. Su canto de entrada por seguiriyas, el Kyrie por granaínas o su fandango de Huelva en el Gloria fueron ejemplos suficientes de su empaque artístico. Quebrando con gusto la voz, matizando minúsculas notas para definir y fijar estilos se mostró Sara Denez. Su timbre estuvo a punto para la escala de las peteneras en El Credo, nivelando con sensibilidad tonalidades y exteriorizando su ímpetu flamenco sólo en el momento adecuado, de manera inteligente. Ágil en la resolución de los cantes que interpretó estuvo José Ángel Carmona, tanto en los tanguillos Santo como en las alegrías del Canto eucarístico. Un cantaor que supo amoldarse con facilidad a todos los resortes expresivos de los cantes que tuvo que interpretar.

Uno de los momentos más impactantes para el público fue el del baile por martinetes de Ángel Muñoz en el Padre Nuestro, con el apasionado cante de El Pele. Mantuvo el bailaor una constante verticalidad en la pose, fijando una coreografía en la que el zapateado resultó preciso, sin abuso, sacando partido estético al braceo en composición de elegante estampa y figura. También en las alegrías hubo espacio para el sustancioso baile.

Paco Peña, pertrechado con solvencia por los guitarristas Rafael Montilla y Paco Arriaga, volvió a triunfar en su tierra, en el festival que él promovió y alentó hace 30 años.

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