Crítica de cine 'Ocean's 8'

Pasarela para posado de estrellas

Algunas de las estrellas que reúne la película, en una de sus escenas. Algunas de las estrellas que reúne la película, en una de sus escenas.

Algunas de las estrellas que reúne la película, en una de sus escenas. / D. S.

Tengo un especial cariño a Arthur A. Ross, un guionista al que debo grandes tardes de cine desde mi más tierna y ya lejana infancia. A él debemos los guiones de Río Apache (un gran western injustamente olvidado), La mujer y el monstruo, Los viajes de Gulliver (la versión de Harryhausen con música de Herrmann) y La carrera del siglo.

Desgraciadamente su hijo, Gary Ross, no me suscita el mismo entusiasmo ni como guionista (Big, Dave, presidente por un día) ni por sus direcciones: debutó con las apreciables Pleasantville y Seabiscuit para después caer (o encumbrarse si miramos la taquilla) en la primera entrega de Los juegos del hambre y la efectista Los hombres libres de Jones. Ahora se pasa al papel cuché de la saga de Ocean llegando más lejos, pero con mucha menos inteligencia, en lo que a sofisticación superficial y guiños lounge se refiere al hacer una variante femenina y situar el golpe perfecto en la gala anual del Met neoyorkino, probablemente el desfile de trajes más horroroso del mundo.

El encanto de la propuesta primera de Steven Soderbergh se basaba en el redescubrimiento posmoderno de la estética de los felices 50 y 60 al hacer un remake de la película de Lewis Milestone interpretada por la tropa de Frank Sinatra. Pero han pasado 17 años y lo que queda es un largo anuncio de máquinas de café, perfumes o coches de alta gama. Poca cosa. Buena banda sonora, esmeradísima fotografía y posados de un reparto femenino tan de lujo como toda la película: Sandra Bullock, Anne Hathaway, Cate Blanchett, Helena Bonham Carter, la cantante -y dicen que actriz- Rihanna y la rapera Awkwafina.

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