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Paula Comitre | Crítica

Intensidad dramática

Paula Comitre en el Teatro Central

El espectáculo es un verdadero prodigio físico de parte de todos sus intérpretes, en especial de las protagonistas femeninas de la obra. De una precisión asombrosa, los pasos a dos están depurados al máximo, son de una sincronía sorprendente. Que no renuncia al ingenio, como es norma en las propuestas coreográficas contemporáneas. Alegorías (El Límite y sus mapas) presenta buena parte de las características que nos enamoraron en esta bailaora en sus propuestas anteriores. Es una obra intensa, dramática, que conduce a un final apocalíptico. Esa es quizá la característica más destacable de esta bailaora, intensidad dramática, que apenas cedió en la fiesta por tangos que, cuando se enfilaba hacia los abandolaos, quedó en suspenso para retomar el dramatismo de la petenera. No renuncia a algunos de los elementos de lo que se ha dado en llamar flamenco clásico, aunque, al utilizar este nombre tenemos que tener en cuenta que la técnica de la bata de cola es una creación de una maestra en activo como es Milagros Mengíbar. Pero sí que ha renunciado Comitre, en este propuesta, a una puesta en escena flamenca clásica para buscar otro lenguaje escénico, uno que surge de su inquietud creadora actual, y que, por otra parte, resulta asequible para todos los públicos. No digo que el flamenco tradicional no sea asequible para cualquiera. Pero Comitre ha preferido hablarnos en un lenguaje que se ha extendido desde hace décadas por todos los rincones del planeta, por circuitos y festivales de danza. Y para ello, qué mejor que contar con una bailarina contemporánea, en este caso Lorena Nogal. Son muchas las cosas que Comitre asume de su pareja de baile en esta propuesta y tampoco son pocas las que Nogal, sin renunciar a su identidad artística, toma de Comitre en Alegorías (El Límite y sus mapas). También el dramatismo centroeuropeo resulta más fácil de asimilar y de programar que otras emociones de mediodía, eso es cierto. Fantástico Tomás de Perrate, que se ha erigido, sin presentar propuesta propia, en una de las figuras de esta Bienal. Derrochando imaginación Juan Campallo al toque y, de nuevo, un prodigio físico Rafael Moisés Heredia a las percusiones. En esta obra ha renunciado Comitre a dos de las características que más me gustaron de sus anteriores trabajos como son la calidez y la candidez. Las personas cambian, los artistas crecen, afortunadamente, porque si no esto sería muy aburrido.

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