LEO DE MARÍA | CRÍTICA

Dedos con corazón

Leo de María Leo de María

Leo de María / D.S.

Exigente y muy comprometido programa el elegido por el joven pianista madrileño para su presentación en el Teatro de la Maestranza. Lo hemos dicho ya en otras ocasiones: Sevilla da para lo que da en materia de afición a la Música, a pesar del huero título que ostenta de Ciudad de la Música. La acumulación de eventos musicales en pocos días, entre las representaciones de ópera, los concierto del año Murillo y el muy reciente recital de este mismo ciclo de jóvenes intérpretes ha hecho mella en los escasos aficionados locales y ha provocado una de las más desangeladas entradas que se recuerdan en la Sala García.

Pero ello no importó para que Leo de María (nombre artístico de Leonel Morales-Herrero) nos ofreciera todo lo que lleva dentro, que es mucho a la vista del resultado.

Quizás sea achacable a su juventud el que no llegase a conectar del todo con el complejo universo afectivo de Schumann. Abrir el recital en frío con Humoresque es arriesgarse a perderse en el cambiante mundo de afectos, a menudo enfrentados, de este compositor. Se perdieron notas en pasajes rápidos y pudo faltar algo más de variedad en la pulsación. Con algún error de pedal y algún glissando poco trabado, el virtuosismo del solista emergió en el vals de Faust para estallar de forma fulgurante en La valse (tras un muy contenido Granados), con una magistral clarificación de sus densas texturas.

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