'Ricky': No sólo los ángeles tienen alas

Crítica

Carlos Colón

23 de enero 2010 - 05:00

Ricky. Francia, Italia, 2009, Drama, Fantástica. 90 min. Dirección: François Ozon. Intérpretes: Alexandra Lamy, Sergi López, André Wilms, John Arnold, Catherine Jabot, Maryline Even, Eric Forterre, Julien Jaurant, Jean-Claude Bolle-Reddat, Arthur Peyret, Mélusine Mayance. Producción: Chris Bolzli, Claudie Ossard. Fotografía: Jeanne Lapoirie. Música: Philippe Rombi. Guión: François Ozon, Emmanuelle Bernheimrry.

El arranque con el largo primer plano de Alexandra Lamy rompiendo a llorar vale ya el precio de la entrada. ¡Qué actriz excepcional! Revelada por un culebrón televisivo, consagrada por sus trabajos teatrales y una infatigable dedicación al cine (15 películas en siete años), es una de las grandes actrices del cine europeo. Aunque esta película esté presidida por el prestigio a la vez autorial y comercial del nombre de François Ozon, la intensidad del trabajo de Alexandra Lamy la convierte en una especie de coautora: sin ella sería imposible que esta fábula improbable resultara convincente.

Ozon ha demostrado ya sobradamente, no sólo su talento, sino su valor para abordar proyectos de riesgo: en Sitcom ensayó una disparatada variación sobre Teorema de Pasolini en la que una ratita ocupaba el lugar de Terence Stamp; en Los amantes criminales fundió lo más duro de la realidad -los asesinatos sádicos y caprichosos cometidos por adolescentes- con los cuentos de hadas; en Gotas de agua sobre piedras calientes se atrevió a rodar una obra teatral inédita de Fassbinder; en Ocho mujeres fundió el policiaco con la comedia musical; en Ángel saltó al melodrama victoriano. Y ahora, con Ricky, vuelve a fundir realismo y fantasía en un cuento desconcertante, crudo e inocente a la vez, que podría recordar los atrevimientos de un Jacques Demy posmoderno o, lo que es lo mismo, más pesimista.

Basándose en un relato de la escritora británica Rose Tremain, Ozon traza un marco de sobrio, proletario y suburbial realismo social francés para inscribir en él un hecho insólito -el nacimiento de un niño con alas- que servirá, no para solventar mágicamente conflictos, sino para estudiar las reacciones de los personajes y de su entorno social y mediático. La primera parte naturalista es más convincente que la segunda, pero también más fácil. Alguien con el talento de Ozon puede contar con sobria soltura la vida de una obrera separada (la gran Alexandra Lamy), su hija (Mélusine Mayance, niña de sorprendente madurez interpretativa) y su novio (un convincente Sergi López). Lo difícil es insertar en este entorno realista el nacimiento del niño con alas y caminar por el filo de la navaja del humor y la emoción. Es apreciable el valor del realizador para enfrentarse al desafío, pero se le puede reprochar que carezca de las fuerzas necesarias para salir completamente airoso de él.

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