Cultura

Rosa Montero se regala un mundo

  • La autora presenta en Sevilla 'Lágrimas en la lluvia', el inicio de una serie ambientada en el futuro con la que la madrileña quiere abandonarse al "placer de contar historias"

Cuando terminó su anterior libro, Instrucciones para salvar el mundo, Rosa Montero hizo cálculos. Tardaba unos tres años en dar forma a cada novela, lo que significaba que finalizaría la siguiente obra cuando ya hubiese alcanzado los 60, "esa edad en que la gente se jubila o se compra una casa en Torrevieja". De modo que se fijó una meta en el horizonte: regalarse para entonces "un mundo literario", un espacio propio en el que pudiese redescubrir "ese placer puro de contar historias" y sentirse libre, sin las presiones del mercado o el temor al juicio de los críticos. Recurrió a dos de sus devociones, la novela negra y la ciencia ficción, para ese proyecto de madurez, una ficción que aparece editada ahora en Seix Barral y que la autora presentó ayer en la Biblioteca Infanta Elena, dentro de la programación del Centro Andaluz de las Letras.

Lágrimas en la lluvia debe su título al monólogo que pronuncia el actor Rutger Hauer en la mítica Blade Runner, esa conmovedora despedida con la que un replicante aceptaba su fin y asumía que todos sus recuerdos se perderían "en el tiempo como lágrimas en la lluvia". Montero tomó algunas ideas del universo de Philip K. Dick, el autor que inspiró aquella película, consciente de que a partir de ahí su imaginación emprendería un vuelo en solitario. "De Blade Runner tiene el título, la idea del androide y el hecho de que los androides tengan una memoria artificial. Pero todo lo demás es mío", advierte la madrileña, feliz ante las posibilidades de un género donde "te sientes una diosa porque puedes inventarlo todo, aspectos como la moneda, el transporte o la comida".

La acción del libro se ambienta en 2109 y narra el caso que tiene que investigar Bruna Husky, una detective replicante obsesionada con el plazo que le queda de vida y que intenta aclarar las muertes en circunstancias extrañas que sufren algunos de su especie. A través de esta peripecia, la narradora demuestra que la ciencia ficción "te ofrece una herramienta estupenda para hablar de la realidad y de la condición humana", a pesar de que algunos despistados crean todavía que el género "habla de marcianitos con las orejas picudas". Las páginas de Lágrimas en la lluvia contienen las inquietudes que ha ido desgranando Montero desde sus comienzos. Están, repasa la autora, "cuestiones como la muerte y el paso del tiempo, la memoria y la identidad"; como otros relatos suyos "ésta es una novela de supervivencia", y de nuevo en su obra hay una predilección por los inadaptados, los diferentes, "una corte de personajes que en principio parecen monstruosos pero que acaban siendo más fiables que los que consideraríamos normales".

Montero, que sostiene que "nunca" escribe sobre su vida, contempla en esta ocasión a su protagonista como una prolongación de sí misma en algunos detalles. "Es una mujer misántropa, entrenada y capaz de pelear, muy diferente a mí que soy una cobarde, pero sin embargo tiene de mí muchas cosas: la desesperación y la furia ante la muerte, esa clara conciencia del tiempo, ese comerse la vida a bocados. Y le he prestado mi gusto por el vino blanco, aunque ella me haya salido algo borracha", bromea.

En su charla, Montero apunta nuevas conexiones de su novela con la realidad: los hombres, como los androides, también tenemos a nuestra manera un cúmulo de recuerdos falsos. "Construimos nuestra identidad basándonos en la memoria, cuando conoces a alguien le haces un resumen de lo que has vivido. Pero nosotros también reconstruimos nuestra memoria: yo hago la prueba con mi hermano, si los dos recordamos momentos de la infancia parece que sus padres no son los míos, como si hubiésemos vivido realidades paralelas", cuenta.

Pese a ambientar su novela en el futuro, Montero no quiere ser catastrofista, dirige su narración hacia "un momento de esperanza". "Si a alguien de 1909 le hubieses explicado todo lo que esperaba, las dos guerras mundiales, el nazismo, los crímenes rojos, Hiroshima... se habría quedado espantado. Pero en el siglo XX se ha alcanzado el Estado del bienestar, también ha habido muchísimos avances en los derechos humanos, la consolidación de la democracia, la conciencia de la diferencia...", enumera Montero, que a pesar de saber que el mundo puede ser "terrible" opta por ser "razonablemente optimista". Quizás porque quiere seguir habitando el entorno de Bruna Husky, al que regresará después de escribir otra novela en un escenario diferente. La autora de La hija del caníbal ha encontrado su refugio, y ahora entiende a J. K. Rowling, la creadora de Harry Potter, a quien le sobrevino una depresión cuando dio por concluidos los siete tomos sobre el mago. "Salir de un mundo tan maravilloso tiene que ser como un exilio", opina Montero.

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