'Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos' recupera su esplendor

El IAPH concluye la restauración del lienzo pintado por Murillo para el Hospital de la Caridad, adonde regresará en enero tras mostrarse en Madrid en el Palacio Real

La obra de Murillo ya restaurada se presentó ayer en la sede del Instituto Andaluz de Patrimonio.
La obra de Murillo ya restaurada se presentó ayer en la sede del Instituto Andaluz de Patrimonio.
S. C. / Sevilla

10 de octubre 2008 - 05:00

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) ha terminado, tras 16 meses de trabajo, la restauración de Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, la hermosa composición pintada por Bartolomé Esteban Murillo en 1762 y que pertenece al Hospital sevillano de la Santa Caridad. "Recuperar con un trabajo minucioso la atmósfera" de este lienzo impresionante, "que se ha tocado lo mínimo", fue la prioridad que se marcó el equipo dirigido por la restauradora Amalia Cansino, según explicó ayer la consejera de Cultura, Rosa Torres.

Este tesoro pictórico, encargado por Miguel de Mañara, realizó, entre 1810 y 1939, un viaje de dos mil kilómetros que le llevó, de Sevilla a París, del Louvre al Prado, y por fin el 7 de noviembre de 1939, de Madrid a Sevilla, al retablo de la nave de la epístola de la Iglesia del Hospital de la Caridad.

En este excelente trabajo, Murillo representa en un primer plano a la santa rodeada de tiñosos a los que cura asistida por elegantes damas, cuyos trajes contrastan con los de los enfermos. En un segundo plano y bajo un pórtico, se observa a Santa Isabel dando de comer a los pobres, lo que el historiador y jefe del IAPH, Lorenzo Pérez del Campo, definió como "el cuadro dentro del cuadro", técnica que ya utilizó Velázquez en Las Meninas.

Pérez del Campo señaló que esta pintura representa las distintas clases sociales de los siglos XVII y XVIII en Santa Isabel y las dos doncellas, la monja que les asiste en el fondo y los enfermos de la parte baja del cuadro, cuya expresividad popular contrasta con las formas armónicas de las figuras femeninas. Además, el historiador destacó el carácter simbólico del lienzo, visible en detalles como un arcón que representa la sagrada Arca de la Alianza o una jofaina que inspira el bautismo.

Según recordó la consejera, el cuadro fue expoliado junto a otros siete durante la invasión francesa en 1811 y llevado al Louvre, de donde en 1902 pasó al Museo del Prado y finalmente volvió al Hospital de la Santa Caridad en 1939.

Debido a los "excelentes materiales" utilizados por Murillo, la restauradora Amalia Cansino afirmó que "sólo la mano del hombre" había producido las alteraciones que presentaba el cuadro, por lo que si hubiese permanecido en el Hospital de la Caridad "el proceso (de restauración) habría sido menos profundo". Cansino detalló que, durante esos aciagos viajes, la parte baja del cuadro se vio especialmente afectada al ser la zona donde recae todo el peso, además de que faltaba pintura en algunas áreas por haberse mojado, posiblemente al cruzar un río.

Pérez del Campo, por su parte, añadió que este cuadro cumple los cuatro requisitos para ser considerado una obra de arte de primer nivel, al tener una indudable identificación con el autor, contar con un aspecto innovador de pintura en el contexto del arte barroco, ser importante en el desarrollo posterior de la escuela sevillana de pintura y representar la estructura social del momento.

Antes de regresar a su sede sevillana, el cuadro será expuesto en el Palacio Real de Madrid en el marco de una muestra que entre el 20 de octubre y el 12 de enero de 2009 mostrará obras relacionadas con la ocupación francesa.

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