Suspiros de España
Crítica 'De tu ventana a la mía'
De tu ventana a la mía. Drama, España, 2011, 100 min. Dirección y guión: Paula Ortiz. Fotografía: Migue Amoedo. Intérpretes: Maribel Verdú, Leticia Dolera, Luisa Gavasa, Roberto Álamo, Fran Perea, Cristina Rota, Pablo Rivero, Carlos Álvarez-Nóvoa, Julián Villagrán, Álex Angulo.
Primer largo de la aragonesa Paula Ortiz, De tu ventana a la mía modula tema y variaciones melodramáticas en torno a tres sufrientes personajes femeninos de distinta edad en la España del siglo XX, más concretamente, en 1921, 1941 y 1975.
En una estructura alterna de caduco gesto narrativo posmoderno, De tu ventana a la mía cruza estas tres historias buscando engarces, enlaces y metáforas que las conecten a través del tiempo, siguiendo un patrón similar al de Las horas, de Stephen Daldry, aunque en un paisaje y una topografía bien diferentes, por más que, en el fondo, se trate de una misma voluntad de poner en imágenes (previamente escritas) la emocionalidad y la sensibilidad femeninas (sic) en una época de silencio, frustración, adversidad y falta de libertades.
El principal problema de la cinta reside en su escasa sutileza a la hora de materializar estos puentes y su supuesta carga simbólica, convertidos en metáforas a puñetazos que insisten, por ejemplo, en encadenar planos de mujeres ante el espejo o, en la más burda de todas sus imágenes supuestamente poéticas, a través de madejas de lana que se desenredan de un tiempo a otro cambiando de color.
Y es que Ortiz tiende a confundir caligrafía con estilo. Bien es cierto que la película tiene eso que comúnmente se suele llamar empaque visual, a saber, una cierta voluntad de narrar con imágenes, fotografiadas con un preciosismo algo relamido por Migue Amoedo. Pero no es suficiente. Articuladas en un relato plagado de clichés y estereotipos de lo femenino (y de paso, por ausencia, de lo masculino), estas imágenes de supuesto vuelo impresionista devienen postales sentimentales grandilocuentes y vacías, cuando no directamente cursis. No contribuye a atemperar el conjunto una desafortunada selección musical que alterna lamentos místico-telúricos con cancioncillas pop fuera de sitio y un tratamiento sonoro de voces en off que añaden aún más torpeza o redundancia al resultado final.
En el apartado interpretativo, todo queda supeditado a la fragmentación cruzada de la estructura, molde que imposibilita ir más allá de la caracterización de tres actrices, Maribel Verdú, Leticia Dolera y Luisa Gavasa, que se esfuerzan por mirar al horizonte (rural o urbano) como gesto obvio de la proyección interior de su sufrimiento romántico o de su deseo de respiración en un tiempo escrito para otros.
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