Tradiciones de un mundo pequeño

Pablo J. Vayón

20 de enero 2012 - 05:00

IV Ciclo de Música Antigua Univ. de Sevilla (MAUS'2012). Pierre Hamon, flautas medievales, flautas étnicas y cornamusa; Carlo Rizzo, canto, panderos, daf, riq, kanjira y pandero politímbrico. Programa: Istanpitta. Lugar: Auditorio Cicus. Fecha: Jueves 19 de enero. Aforo: Casi lleno.

Fascinante inauguración del cuarto ciclo de música antigua de la universidad de Sevilla con un recital que cabría colocar bajo la etiqueta de la world music, pues Hamon y Rizzo se dedicaron a encoger el mundo en el par de horas que duró su generosa presentación, recorriendo tradiciones diversas con una musicalidad y un buen gusto deslumbrantes.

Bien sabía lo que se hacía Christina Pluhar cuando pidió a Carlo Rizzo su participación en el primer disco de, su luego exitosísimo proyecto, L'Arpeggiata, el dedicado a la tarantella. Rizzo es veneciano, pero pasaría perfectamente por napolitano o siciliano, tal es su forma desenfadada, su sentido del humor y su gracia natural de estar en escena. Con los distintos modelos de pandero que presentó en el concierto (de la kanjira india al riq egipcio, el tamburello italiano o su pandero politímbrico, un invento personal) es un auténtico portento, y no solo en el aspecto rítmico, sino también en su habilidad para combinar colores y melodías, todo ello en un juego de extrema libertad, que tiene mucho de improvisación y un poder seductor extraordinario. Como cantante, Rizzo se mimetiza de forma admirable con la línea de los anónimon intérpretes de la tradición italiana, especialmente de la sureña.

Hamon es acaso más conocido entre los amantes de la música medieval, por su colaboración habitual con algunos de los más importantes conjuntos dedicados a este repertorio, como Alla Francesca. Su virtuosismo pasando de las flautas dobles a las axabebas o las flautas dulces encontró una prolongación en su acercamiento a los instrumentos precolombinos, del Caribe a la civilización Nazca del Perú o la azteca. Mostró que conoce de sobra el repertorio de estampidas y danzas del medievo, y que puede sorprender con sugerentes versiones de canciones sefardíes (una oscura A la una yo nací; una muy ritmada Las estrellas do cielo). El recital se ambientó con proyecciones en el fondo de escena mediante el uso de esa técnica tan de moda en la ciudad, la del mapping.

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