EN EL MUSEO DE LA AUTONOMÍA, HASTA EL 26 DE ENERO

La Universidad alborotada

  • Una exposición analiza la deriva política del movimiento estudiantil andaluz en los años sesenta y setenta y su fuerte conexión con las corrientes internacionales   

Carga policial en la calle San Fernando, junto al Rectorado, en marzo de 1968. ARCHIVO GELÁN ICAS/SAHP Carga policial en la calle San Fernando, junto al Rectorado, en marzo de 1968.  ARCHIVO GELÁN ICAS/SAHP

Carga policial en la calle San Fernando, junto al Rectorado, en marzo de 1968. ARCHIVO GELÁN ICAS/SAHP

En 1968 casi todo saltó por los aires en Europa y en Estados Unidos. Irrumpieron los beatniks, se gestaba Woodstock, ardía París, temblaba Berkeley. Aquí, en España, la censura andaba a pleno rendimiento fumigando la fauna prodemocrática cuando la lucha contra la dictadura prendió en el mundo académico. El líquido inflamable, la juventud; la chispa, por ejemplo, la expulsión de 23 estudiantes de la Universidad de Sevilla por impulsar una alternativa al Sindicato Español Universitario (SEU), de carácter vertical, único y obligatorio. Lo que vino después, dicen, ya no tendría freno.    

Revelar ese momento difuminado es el propósito de la exposición En tiempos grises… la Universidad se hizo roja, producida por el Centro de Estudios Andaluces bajo la dirección del profesor de la Hispalense Alberto Carrillo-Linares. Es la foto-finish de los movimientos estudiantiles en los años sesenta y setenta sin el dopaje de la nostalgia, que todo lo contamina. El contorno exacto del relato histórico se basta aquí, en esta muestra que permanecerá abierta en el Museo de la Autonomía hasta finales de enero, para explicar esa rebelión escolar contra la ropavieja de la dictadura de Franco.

Desprende la propuesta algunas narraciones de gran potencia. Por ejemplo, cómo las  reivindicaciones que comenzaron en un plano puramente académico –representación, contenidos y planes de estudios, por ejemplo- remataron por el lado de la política. El mundo universitario se convirtió así en un excelente campo de pruebas del sistema democrático. No es extraño, por tanto, que algunos de los líderes de la Transición que iba a venir se forjaran en las aulas universitarias. Allí agudizaron la conciencia política, se ejercitaron en la movilización y practicaron el rechazo del autoritarismo. 

El mundo universitario se convirtió en aquellos años en un excelente campo de pruebas del sistema democrático

"Queremos reivindicar el papel jugado por aquella generación de universitarios que hicieron frente a las duras condiciones que imponía la dictadura nacionalcatólica. Sin ellos, probablemente, no hubiera habido democracia", señala Carrillo-Linares, quien ya puso luz a estos hechos en su tesis doctoral: Subversivos y malditos en la Universidad de Sevilla (1965-1977). Para esta ocasión, ha reunido documentos, fotografías y reliquias de la época, como una multicopista casera o "vietnamita", un "maletín espía" con doble fondo, un uniforme de los "grises" y un casco usado por la gendarmería gala en 1968.   

En esta línea, otra lectura de interés de la exposición En tiempos grises… la Universidad se hizo roja es la conexión internacional de los sucesos españoles, aquí, claro, marcados irremediablemente por el régimen franquista. Como signo, los estudiantes andaluces –o algunos de ellos, al menos- llegaron a tener entre sus manos a los pocos días de su salida en París el número 1 de la revista Acción, editada por el principal sindicato estudiantil francés, la UNEF; el Movimiento 22 de Marzo, el gran animador del Mayo del 68 liderado por Daniel Cohn-Bendit, y el CAL, el Comité de Acción en los Liceos.

Acaso por esta influencia exterior, la exposición detecta una radicalización del movimiento estudiantil ya casi en los setenta, adoptando un discurso más incendiario, con alusiones frecuentes a la revolución, al movimiento obrero e, incluso, a la guerra de Vietnam. En paralelo, las acciones también ganaron arrojo y violencia. Las asambleas, las sentadas, los paros académicos y la ocupación de espacios dieron paso a los boicots –a veces, "duros"- de actos institucionales o a los Seminarios Marcuse, que organizaban "juicios públicos" a profesores sorprendidos en mitad de las clases.

La muestra reúne documentos, fotografías y ‘reliquias de la época’: desde una “vietnamita” hasta el casco de un gendarme

Como respuesta, la represión también perfeccionó métodos. Hubo, lógicamente, persecución académica, con amonestaciones privadas y públicas, expulsiones individuales y colectivas, asfixia de actividades culturales estudiantiles, prohibiciones de reuniones y asambleas, cierres de centros docentes y aulas de cultura. Otras veces se recurrió a la actividad policial, sin duda la más visible e impactante: entradas en los recintos universitarios, cargas a caballo, uso de camiones cisterna, detenciones, torturas en comisarías y, en el peor de los casos, muertes.

Paralelamente, En tiempos grises… la Universidad se hizo roja da cuenta de la creación por parte del régimen de un órgano de inteligencia, el Servicio Central de Documentación, vinculado al Ministerio de Educación para el control de las universidades que es el origen directo del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI). En el ámbito universitario, este servicio fundó en 1969 un colectivo para infiltrarse en el movimiento estudiantil e influir sobre él: la Asociación Nacional de Universitarios Españoles (ANUE), que contó con publicaciones de propaganda y contrapropaganda.

Por último, la exposición hace una parada en la cultura como arma de seducción y oposición política. Las lecturas poéticas o filosóficas, el cine, el teatro y la música que se escuchaba y bailaba formaban parte de la visión integral del mundo de toda una generación deseosa de libertad. "Son los años de los cantautores comprometidos, del teatro de agitación, del cine neorrealista, de la filosofía existencialista, de sesudos textos de economía política; pero también del rock psicodélico, de los hippies y de las drogas psicotrópicas", concluye Carrillo-Linares.

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