'Viejo, solo y puto', una fiesta turbia en la farmacia de guardia

El argentino Sergio Boris debuta hoy en el Central con su celebrada obra Pere Faura presenta en la sala B 'Sin baile no hay paraíso'

El actor, dramaturgo y director Sergio Boris, ayer en el escenario del Central, entre los estantes que conforman la escenografía de la obra.
El actor, dramaturgo y director Sergio Boris, ayer en el escenario del Central, entre los estantes que conforman la escenografía de la obra.
Francisco Camero Sevilla

28 de octubre 2016 - 05:00

Es sábado, ha llegado ya la noche y en una farmacia de guardia, entre un laberinto de estantes llenos de anhelados remedios, cinco personajes tratan de ocultar sus respectivas desazones mientras hacen planes para pegarse la fiesta en cuanto cierre el negocio: los dos hermanos que lo regentan, el amigo visitador médico de uno de ellos y dos travestis que viven en el barrio marginal cerca del cual se ubica la farmacia, a la que han ido como de costumbre para reclamar desesperadamente sus inyecciones de hormonas. Es la situación de la que parte Viejo, solo y puto, la obra del actor y dramaturgo argentino Sergio Boris que "por fin, tras haber pasado por las citas más exigentes de toda Europa", apuntó ayer Manuel Llanes, responsable artístico del Central, y después de haber cosechado premios en la mayoría de ellas, llega al teatro de la Cartuja.

La obra, que podrá verse hoy y mañana, supone un viaje al fondo de la noche, incluso "un descenso a los infiernos", pero sobre todo constituye una exploración de la dimensión inevitablemente patética de la condición humana, mezclada no obstante con la belleza, la comicidad, el erotismo y un deseo que se tensa aún más por la propia insatisfacción de los personajes. "Es ridícula y trágica al mismo tiempo, planos que conviven en la vida con la mayor naturalidad, sin solemnidad alguna", explicaba ayer en el Central Boris, junto a los actores que la protagonizan, Patricio Aramburu, Marcelo Ferrari, Darío Guersenzviag, Federico Liss y David Rubinstein.

"El vicio, la fatalidad, la lucha entre clases sociales o el desplome de la clase media", en palabras de su autor, son algunos otros temas que se filtran en Viejo, solo y puto, una obra cruda e intensa en la que el naturalismo con que están trazados los personajes no aspira a perfilar un retrato realista o a emitir un mensaje reivindicativo de ninguna opción sexual en particular, sino a algo distinto.

"Durante los dos años de ensayos fuimos a una villa miseria para capturar la oralidad callejera, pero la intención es recrear un mundo poético, paralelo, donde hay otra música, otras capas, en el que lo dramático no se explica, sino que está sugerido en el entramado de situaciones que se van creando y en las relaciones que establecen los personajes entre sí", explicó el argentino sobre este espectáculo de "dramaturgia radical", como lo definió Llanes, o dicho de otro modo, en el que "no hay presentación, nudo y desenlace, ni se explica ninguna situación en concreto, sino que se siente".

MES DE DANZA

El Central vivirá una gran actividad este fin de semana ya que, en paralelo a las funciones de Viejo, solo y puto en la sala A, en la B el bailarín y coreógrafo Pere Faura presentará Sin baile no hay paraíso, propuesta con la que el teatro se suma al Mes de Danza. "Es un collage escénico a partir de cuatro solos que forman parte de la memoria colectiva de la danza y de mi educación sentimental", explicó Faura. En el espectáculo baila el claqué de Cantando bajo la lluvia, la escena disco de Fiebre del sábado noche y sendos pasajes de Rosas de Anne Teresa De Keersmaeker y La muerte del cisne de Maya Plisétskaya. "Para mí tienen el mismo valor, fueron igual de importantes para hacerme desear bailar, y por eso están en el mismo nivel", explica el artista, que hará cada uno de esos solos tres veces, y en cada una de ellas, en una especie de balance del camino recorrido y de ejercicio de reafirmación de la senda escogida, variará la interpretación, ilustrando de ese modo el proceso de toda formación: "qué tomas, qué te quedas, qué dejas porque ya no te interesa".

Le tomará el relevo el miércoles y el jueves de la próxima semana Silvia Balvín, una de las más prometedoras bailarinas y coreógrafas de la escena sevillana. Con Alberto Almenara, creador de la música o del espacio sonoro, estrenará Alf, "una pieza de danza y música, porque no me atrevo todavía a hablar de teatro-danza". "El motor fue la idea de decepción. Sus distintos tipos, desde la más absurda e incluso cómica hasta la más profunda, que te transforma o te hace perder toda la fe en algo", contó la bailarina, que por ello trabajó la idea de la puesta en escena y el material del movimiento en torno a extremos, "del extremo de color a la oscuridad, y del entusiasmo al desaliento".

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