Hay actrices, luego está Bárbara Lennie

Crítica de Teatro

Israel Elejalde y Bárbara Lennie, en 'La clausura del amor'.
Israel Elejalde y Bárbara Lennie, en 'La clausura del amor'.
Javier Paisano

28 de noviembre 2015 - 05:00

LA CLAUSURA DEL AMOR

Buxman Producciones y Kamikaze Producciones. Autor: Pascal Rambert. Adaptación: Coto Adánez. Dirección: Pascal Rambert. Intérpretes: Bárbara Lennie e Israel Elejalde. Escenografía: Eduardo Moreno. Iluminación: Pau Fullana. Vestuario: Sandra Espinosa. Tocados: Clara Gortázar. Con el coro del C. E. I. P Huerta de Santa Marina. Lugar: Teatro Central. Fecha: Viernes, 27 de noviembre de 2015. Aforo: Completo.

La aceptación que tuvo en su estreno en Avignon en 2011 le ha seguido como una estela a esta obra del francés Pascal Rambert que es, desde entonces, jaleada por la aristocracia cultural y periodística. Sin embargo, la disección de la ruptura de una pareja que plantea Pascal Rambert es tan culta, tan pedante, tan francesa que, una vez vista, me da que pensar si no vivimos en universos distintos ese norte de Europa hipercivilizado y este sur tan mediterráneo. La obra, planteada como dos monólogos de casi una hora de duración, enfrenta, con un lenguaje a veces poético, a veces ensayístico, a un hombre y una mujer entre los que ha desaparecido el amor que los unió.

El personaje masculino está descaradamente minusvalorado, es extremo, egoísta, sin empatía. Israel Elejalde corre con la peor suerte, es el primero en actuar, tiene que acostumbrar al público a la reiteración de un texto que dice una y otra vez lo mismo, lleno de acotaciones que se mezclan con la desazón que le provoca la separación de su mujer. Es él que la abandona. El escenario es cartesiano, un cuadrado blanco y unas luces de fluorescente que nos plantea una mesa para realizar autopsias.Transcurrida una hora sale un coro de niños y cantan una canción. Sin más.

Es el turno ahora de Barbara Lennie. Dos segundos después de que abra la boca la atmósfera se ha transformado. Si Elejalde ha huido de la modulación de su texto, Bárbara lo ataca domándolo, seduciéndolo, temblando, desgarrándose. Su voz y su cuerpo se vuelven uno con esas palabras que ahora son más amables y llenas de sentido. Bárbara hace olvidar el plúmbeo libreto de Rambert y su actuación se eleva a la genialidades las mejores.

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