'Aibar/Rabia': el baile, el cristal y el destello

Flamenco

Tras el triunfo de ‘La reina del metal’, Vanesa Aibar estrena su nuevo espectáculo la semana próxima en el Teatro Central.

El niño que vino del futuro

Vanesa Aibar, fotografiada esta semana en el Centro de Investigación y Recursos de las Artes Escénicas de Andalucía.
Vanesa Aibar, fotografiada esta semana en el Centro de Investigación y Recursos de las Artes Escénicas de Andalucía. / Salva Castizo

Desde su estreno en enero de 2023 en la Bienal de Flamenco de los Países Bajos, La reina del metal fue recibida como la consagración de Vanesa Aibar. Los Premios Max, la Feria de Artes Escenicas de Palma del Río y la Asociación de Profesionales de la Danza deAndalucía (PAD) eligieron la feliz e inesperada alianza de la bailaora jiennense con el percusionista Enric Monfort como el mejor espectáculo de danza de aquel año. Aibar, sin embargo, se había embarcado en aquella pieza sin calcular el alcance que tendría. “Era la pandemia, y en la AECID (la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) tenían un dinero para apoyar a los artistas, pero no se podía viajar al extranjero”, recuerda la intérprete, que empezó a dialogar con Monfort gracias a una residencia on line. “Y tengo la sensación de que, a pesar de lo desafortunado de aquel momento, esa página en blanco me permitió investigar conceptos que me interesaban, pero también improvisar. Me juntaba con un músico que no procedía del flamenco, pero sólo se necesita tiempo para llegar a un punto en común. Enric y yo encontramos lo que teníamos que decirnos”.

En unos días, el sábado de la semana próxima, 31 de enero, la creadora estrena en el Teatro Central su nuevo montaje, Aibar/rabiA, otra conversación inesperada en la que la bailaora y coreógrafa se inspira esta vez en los hallazgos de Juan Manuel García-Ruiz, investigador del CSIC del Laboratorio de Estudios Cristalográficos de Granada. La elección del cristal parecía una consecuencia lógica, una opción premeditada, tras el viaje que Aibar hizo por la sonoridad y la plástica de los metales, pero de nuevo fue el azar el que jugó sus cartas.

“La verdad es que conocí a Juan Manuel por casualidad”, cuenta Aibar. “Una compañera, Belén Maya, me pidió que acudiera yo a una historia en la Residencia de Estudiantes a la que ella no podía llegarse: se trataba de bailar un poema de Lorca que declamaban en varios idiomas, y yo tenía que interpretarlo en chino, en árabe y en español. Y descubro que quien organiza aquello es un científico, un cristalógrafo. Imagínate”, señala con admiración, “qué amor a la palabra, qué amor al arte hay que tener para salir de tu laboratorio e inventarte esto”, exclama Aibar, que en aquel primer contacto ya intuyó que esa colaboración se prolongaría. “Él observó cómo colocaba a la gente en el espacio, cómo me había situado yo, y me empezó a hablar de sus ponencias en la cristalografía y su impacto en el arte, y por alguna razón yo me sentí interpelada. Tuve claro que teníamos que hacer algo”.

“Esta obra habla de renacimientos, también de la conciencia del fin. Fui madre, y eso influyó”, cuenta Aibar

Aibar/ rabiA parte de las últimas investigaciones de García-Ruiz, que analizan “cómo las estructuras minerales imitan las formas primitivas de vida”. La artista toma esta premisa para explorar cómo su baile también invoca energías ancestrales. “Permanecen la técnica precisa, la geometría luminosa, la danza catártica, la belleza indómita y la entrega al movimiento. Pero aparece algo más –aún sin nombre– que irrumpe con la fuerza de lo recién parido y aún no bautismado”, se lee en las notas de este espectáculo cuya dramaturgia firma David Montero y que Aibar codirige junto al último Premio Nacional de Danza Guillermo Weickert.

“Yo no era tan consciente de lo que estaba hablando, pero al final tu biografía atraviesa tu obra más de lo que crees, aunque espero que lo haga de una forma sutil”, reconoce Aibar. “En la pieza sobrevuelan las ideas de nacimiento y de renacimiento, y mientras preparaba este espectáculo fui madre”, explica la bailaora. “Las investigaciones de Juan Manuel se preguntan qué es lo que hace que algo tenga vida, pero por mi experiencia personal, en cierto modo, he hecho como un trayecto a la inversa: la única certeza a la que he llegado tras ser mamá es que voy a morir, como si se me hubiese caído la verdad encima. Pienso en dónde estaré cuando mi hija tenga una edad, y eso me ha dado paradójicamente la conciencia de que hay un fin. Esta obra habla de transformaciones y de cambios de estado, y hay cierta poesía sobre eso, un final que David define como mi ascensión”, anticipa Aibar.

Aquella niña que quiso apuntarse a clases de baile porque vio a una compañera dar unos pasos sigue jugando a su modo, y su mirada conserva la libertad y la falta de prejuicios con que concibió La reina del metal. En esta ocasión dialoga con el músico londinense Frank Moon, “un multiinstrumentista que también maneja la electrónica y es un pedazo de compositor. Está tan solicitado que casi no puede venir, logró aplazar una composición para un ballet de Chile”, detalla Aibar sobre un creador “muy intuitivo a la hora de generar paisajes” y que aquí envuelve la voz de la cantaora Gema Caballero.

Vanesa Aibar.
Vanesa Aibar. / Salva Castizo

Aibar encontró otro interlocutor crucial en Guillermo Weickert, con el que ya había colaborado en La reina del metal. “Ha sido muy importante porque es alguien que te acompaña con amor, honestidad y sabiduría, y que tiene la capacidad para identificar lo que son hallazgos dentro del proceso. Aquí ha estado desde el principio, e intervino tanto que le acabé preguntando si le parecía bien que le pusiera como codirector”, explica la artífice de otras piezas celebradas como Sierpe o Liminal.

Formada en danza española y flamenco en el Conservatorio de Granada y alumna también del Centro Andaluz de Danza, Aibar se diplomó asimismo en Fisioterapia. “Me di cuenta después, pero cuando he trabajado como fisio me ayudó el conocimiento del cuerpo que te da el baile. Y al contrario: gracias a mis conocimientos de anatomía me he podido entender mejor, he llegado más lejos mientras bailaba”.

Al respecto, David Montero aprecia que la búsqueda de Aibar “no se sitúa en el terreno de las emociones; más bien, señala al cuerpo como centro absoluto de la cosa, es en la pura fisiología donde busca las respuestas: en los músculos, los tendones, los huesos”, valora sobre una intérprete que posee “una técnica sobresaliente”, pero “no se queda embelesada en ella, no se extasía en la pura forma. Aibar rebusca más abajo, más lejos, más jondo”.

Ayudada por el espacio escénico y la ilumicación de Cube.bz, que a partir de las investigaciones de García-Ruiz sobre la fascinación de los chimpancés por los cristales girará alrededor de los “brillos y los destellos”, la jiennense promete deslumbrar en su regreso a la escena. “Tras el Max y los premios que obtuvo La reina del metal hay expectación y programadores interesados”, admite Aibar, “pero también habrá que llamar a puertas. Este oficio es así”.

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