Cómo convertir una historia comercial en un relato apasionante
Air | Crítica
La ficha
**** 'Air'. Drama, EE UU, 2022, 122 min. Dirección: Ben Affleck. Guion: Alex Convery. Fotografía: Robert Richardson. Intérpretes: Matt Damon, Ben Affleck, Viola Davis, Chris Messina, Marlon Wayans, Chris Tucker, Jason Bateman, Gustaf Skarsgård, Matthew Maher.
Ben Affleck sorprendió, al pasarse a la dirección, con la muy sólida y oscura Adiós pequeña, adiós (2007) que apostaba por una escritura neoclásica muy a lo Eastwood. Ningún alarde. Sólida narrativa, buen estudio de personajes, magnífica creación de un clima opresivo a través del uso de la luz. Después dio un pequeño paso atrás con Ciudad de ladrones (2010) que, pese a ello, no carecía de valores. Se consagró como director con la brillante Argo (2012) que le valió el Globo de Oro al mejor director y el Oscar a la mejor película. Nuevo pequeño paso atrás con Vivir de noche (2016) lo que, visto su ir de obras mayores a menores, permitía pensar que la siguiente sería de las grandes. Y lo es, aunque no alcance a Adiós pequeña, adiós y Argo.
Tiene el mérito de partir de una anécdota menor, cómo un experto en marketing tiene la idea de potenciar la marca de zapatillas Nike apostando por el joven y aún no consagrado Michael Jordan, para convertirla en cine mayor. Parece confirmarse lo sabido: en el cine clásico-narrativo, como por otra parte sucede en el de autor, no hay historias, sino formas de contarlas. El espléndido guión de Alex Convery -en el que colaboran Affleck y Damon- elige con inteligencia los puntos fuertes de lo que en principio es solo la no muy atractiva historia de la lucha de una marca por abrir un nuevo frente en el mercado compitiendo con otras más fuertes ganándose a un jugador prometedor que aún no es leyenda: una especie de precuela o proto historia que trata de Nike cuando aún no era tan famosa como llegó a serlo y de Jordan cuando aún no era el ídolo que fue y es. No solo el desarrollo del proceso -nacimiento de la idea, lucha por lograrlo y reunión final para acordarlo: trastienda e historias del deporte jugadas en despachos- sino sobre todo al tratamiento de los personajes eje sobre los que todo pivota y la elección y dirección de sus intérpretes. Espléndidos Matt Damon, el urdidor del fichaje para la marca, y Viola Davis, la matriarca de los Jordan, en sus duelos que son el núcleo de la película (el deportista es un fondo apenas intuido).
No es una película perfecta. Affleck se debilita cuando se aleja de su habitual estilo contenido para entregarse a orgías de montaje de imágenes y canciones y músicas de los 80 muy a lo Scorsese que unas veces le salen bien, otras regular y acaban por saturar la banda sonora. Se reserva el papel del peculiar cofundador de Nike y da con acierto a Chris Messina (que aquí logra su mejor papel tras Argo, también a las órdenes de Affleck) el del indigesto y duro agente de Jordan, a Jason Bateman el del controlador de Damon y a Matthew Maher el del diseñador de las zapatillas. Todos están perfectos, pero el atractivo mayor de la película son Damon y Davis litigando en esta tardía y no desencantada -lo que en estos tiempos es poco frecuente- representación de la emoción, la dureza, la inteligencia y la competitividad que están en el corazón del sueño americano. Ellos, gracias al excelente guión, hacen apasionante esta película no perfecta que engancha contando la en principio poco atractiva trastienda comercial de marcas y deportistas.
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