APARTAMENTOS ACAPULCO | CRÍTICA Modernos y lujosos

  • Apartamentos Acapulco presentaron en el Fun Club su recién estrenado disco "El resto del mundo" y convirtieron la distorsión en sensibilidad.

La atronadora melancolía de Apartamentos Acapulco La atronadora melancolía de Apartamentos Acapulco

La atronadora melancolía de Apartamentos Acapulco / Paco Muñoz

El concierto de Apartamentos Acapulco fue un cóctel de ritmos y atmósferas. Éstas convirtieron el Fun Club en un sobreexcitado microondas, subiendo la temperatura tortuosamente, donde todos nos freíamos felices. Y al acelerar era un placer bailar con semejantes bases rítmicas y los adornos lisérgicos de la guitarra y el sintetizador que utilizaban Ismael y Angelina respectivamente.

Nos ofrecieron su recién estrenado segundo disco y todos fuimos saboreando los dibujos que nacían de la música, viéndolos crecer y desarrollarse con un entusiasmo reconfortante. La oferta de colorido de la banda no puede ser más rica, ya no solo en canciones de texturas diferentes como Algo que aplastar y pisotear y Camino de Ronda, que fueron el alfa y la omega del concierto, sino incluso en una sola canción, como Nunca te dije, en la que comienzan siendo Galaxie 500 para después encarnarse en los Jesus & Mary Chain y volver a terminar suaves de nuevo. El mejor modo de superar la estéril contradicción entre sonidos livianos y tecnología desbocada es tener buen gusto y dejar la batalla en tablas. Y ellos lo logran perfectamente sirviendo de puente entre lo clásico y lo contemporáneo, entre el sentimiento y el baile; introspectivos y melódicos en momentos reposados, de calma aparente, de lametazos delicados, como en la estupenda Deseo, que es la canción que desde hace tiempo deseamos escuchar en un concierto de Los Planetas, sin conseguirlo.

A veces brilló más la voz de Angelina, como en Regional preferente, y otras lo hizo la de Ismael, como en La mujer y el monstruo; pero cuando noqueaban con una intensidad sencilla y abrasadora era cuando cantaban juntos, con tesituras distintas que les hacían sonar de forma fantasmal, quimérica… juntos tienen esa cosa llamada feeling que hace brillar el entramado de unas canciones que ignoran la distancia entre hielo y alma, entre moda indie y sentimiento. Unas voces que pueden aflojar y tensar a su antojo la soga que te ata a su música deslumbrante.

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