El arte de la entrega total del Turronero
Crítica discos
El Turronero. Grabaciones en directo de los años 1977 y 1978 procedentes del archivo de Ricardo Pachón. CAF.
Era un tipo con la emoción a flor de piel. Por eso los registros sonoros que mejor lo representan, para bien y para mal, son los que hacía en directo. Como estos, recogidos a finales de los 70 en Los Palacios, Lebrija y Utrera. Los recogió Ricardo Pachón, que los cede ahora al Centro Andaluz de Flamenco. Y los protagonistas son El Turronero (Manuel Mancheño Peña, 1946-2006) y Paco Cepero. O sea, el bordón exacto, aéreo, el compás arrebatador y una forma pasional de ver el arte o, lo que es lo mismo, la vida. Coplas autorreferenciales que abren el disco con el cantaor lanzándole puyas de broma al guitarrista. Hasta cuatro son las entregas por bulerías, con lo que su minutaje ocupa hasta dos tercios del disco. Bulerías ligadas, romanceadas, en las que el compás se serena con el cante, para acelerarse en las falsetas y rasgueos. El Turronero, ser social por naturaleza, dialoga con la guitarra y con el público, que parece sugerirle, en determinados pasajes del recital, los temas de sus coplas. Tres entregas por tientos (una de ellas titulada, erróneamente, como taranto), en donde vuelca su carácter social, y unas alegrías, completan la entrega. Uno de esos tientos es la canción Las cosas de mi Andalucía, compuesta por Paco Cepero, aunque en este caso no es Cepero el que acompaña al cantaor. Turronero llegó a ser uno de los cantaores más populares de su tiempo, en gran medida por este tipo de composiciones aflamencadas de Cepero, y llegó a convertirse en una estrella de los festivales, como cabalmente refleja este disco.
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