Crítica de Flamenco

Una cantaora necesaria

La Tana es una cantaora extraordinaria. Una intérprete visceral, de expresión desgarrada, que conoce no obstante el legado clásico como demostró sobradamente en su recital de anoche. Tanto en los fandangos personales como en la granaína de Chacón o en las tarantas, que remató espectacular con la levantica. La cantaora resulta sentimental y brillante en estos estilos melismáticos. Aunque, obviamente, se siente más cómoda en lo dionisiaco como demostró en la seguiriya, el cante más emotivo de la noche, pese que que cantó sólo la mitad de la última copla. También en las cantiñas se gustó. Y en la parte final del recital entró en un universo propio con los tangos, que fueron la culminación de los tientos, y la bulería. Por cierto, que los tangos fueron un dúo delicioso con una intérprete de parecidas características, María Terremoto, que cantó y bailó los estilos de Granada, Extremadura y se acordó de Juana la del Revuelo. El ritmo de tangos volvió al final de la noche con Tú, ven a mí, el tema estrella del único disco grabado por esta cantaora. El dato es más que sorprendente, como sorprende que apenas tenga oportunidades de mostrar su arte en su tierra, que es la nuestra. Por soleá le cantó al baile efectivo y misterioso de Pepe Torres.

El cante de La Tana es temperamental, pero jamás cae en el exceso. Es radical pero tiene un punto de austeridad en su gusto por la melodía clásica aunque en los estilos festeros introduce melodías ligadas y fórmulas de los años 80 y 90. Una cantaora necesaria.

El Perla, con su toque enérgico, rotundo y pleno de compás, como exige una intérprete de este tipo, fue el soporte de todo este edificio sonoro.

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