Las carpetas azules de Castellón
Director Alfredo Castellón. Con Simón Martín, María Cuadra, José Calvo, Juan Casaravilla. Junta de Andalucía.
La Filmoteca de Andalucía ha recuperado en una edición que también publica su guión el Platero y yo (1964) del zaragozano Alfredo Castellón, una película sujeta a crueles avatares de producción y a la que la estulticia censora terminó dando la puntilla. Así, esbozada y mutilada, la pudieron ver los sevillanos, pues el filme se estrenó en la capital hispalense el 25 de mayo de 1967, con cinco cortes y, por supuesto, fuera de la categoría de película infantil. Los problemas para Castellón habían empezado, sin embargo, mucho antes, pues al impulsor de la adaptación -el productor italiano Eduardo de Santis, al que el cineasta conoció en la Italia donde completó sus estudios cinematográficos- se le unió un coproductor español que, sin aportar dinero, se apoderó prácticamente de la película, obligando a Castellón a prepararle, antes de que el rodaje se completara, un montaje de circunstancias con el que poder aspirar a subvenciones que ayudasen a finalizarla. Tras un amago de reanudación del rodaje, todo quedó, para siempre, como Castellón lo había dispuesto en esa compaginación urgente que nunca debió ser definitiva y sobre la que la censura, además, se cebó. Pasados los años, y ahora que puede verse tal y como salió de ese primer montaje, es preciso reconocer los méritos de este filme interruptus y, claro, también llorar un poco por su existencia demediada. De Platero y yo son reseñables algunas grandes virtudes, siendo la primera y más importante la que emana de su voluntad por ir más allá de las reconstrucciones al uso y plantear una recreación de actores y actrices en los lugares reales de Moguer por los que se movió el poeta, en especial por el interior y el exterior de su bella casa. El plus de esa veracidad que punza desde los planos es, además, lo que contrarresta algunas servidumbres técnicas que, suponemos, eran difíciles de eludir por entonces, como ese doblaje unificador que resta singularidad a la presencia física de los actores. Reseñable también es el estupendo montaje de los materiales existentes que Castellón llevó a cabo junto a Gabi Peñalba, un auténtico ejercicio de economía expresiva que alcanza, por momentos, una notable altura, como en la secuencia del eclipse. Platero y yo sirve de homenaje al poeta, pero también a Castellón y a sus carpetas de proyectos frustrados.
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