¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Loden viejo
Crítica 'Conan el bárbaro'
Conan el bárbaro. EEUU 2011. Aventuras, fantasía. 112 min. Director: Marcus Nispel. Guión: Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer, Sean Hood. Intérpretes: Jason Momoa, Rachel Nichols, Leo Howard.
Conan fue la creación más popular del solitario, depresivo y enmadrado Robert E. Howard (1906-1936), un escritor de novelas pulp que giró en torno al astro negro de Lovecraft y se suicidó a los 30 años al no poder soportar el fallecimiento de su madre. De la fusión entre esta sensibilidad alterada y la literatura popular de quiosco nacieron personajes como Conan el Bárbaro, Kull de Atlantis y Solomon Kane, que traducían a la fantasía heroica una maraña de conceptos mal digeridos de Nietzsche y de la desordenada lectura de libros de historia y de mitología que, teniendo en cuenta que el primer relato se publicó en 1932, podrían englobarse en un ámbito difusamente filo nazi propio del clima de la época. Cuando John Milius lo llevó al cine en 1982 -descubriendo de paso los fibrosos talentos de Arnold Schwarzenegger- declaró que su película pretendía sustituir la moral judeocristiana para alzar la épica aria y bárbara. ¿Coincidencias?
El regreso de Conan a las pantallas sólo tiene una virtud: convertir a Schwarzenegger, si se compara su interpretación con la de Jason Momoa, en un actor con la exquisitez de un Laurence Oliver, la densidad dramática de un James Mason o la nobleza de presencia de un Gary Cooper. No sé cuanto habrá costado esta cosita, pero si se ha cumplido el famoso lema de "que cada dólar invertido se vea en la pantalla", se han invertido muy poquitos o se han utilizado mal. Porque la sensación es pobretona, rozando lo cutre, y sólo medianamente entretenida. El especialista en segundas versiones fallidas Marcus Nispel (Viernes 13, La matanza de Texas) vuelve a pifiarla. La película de Milius fue un churro. Esta es un churro frío.
También te puede interesar
Lo último
No hay comentarios