Femme | Estreno en Movistar+

Síndromes del deseo

George McKay y Nathan Stewart-Jarrett en una imagen del filme.

George McKay y Nathan Stewart-Jarrett en una imagen del filme.

Prolongación de su propio corto homónimo, este primer largometraje de Freeman y Choon Ping se abre y se cierra con una agresión. En ambos casos verdugo y víctima son los mismos, o tal vez no del todo. A esa variación de roles e identidades en el ciclo se aferra un filme que se adentra en el camino más tortuoso de una relación que arranca y termina con violencia para pasar por las distintas fases del rechazo, el trauma, la atracción, el autodescubrimiento, el enamoramiento, la pasión, el masoquismo y una extraña forma de venganza.

La víctima es un joven negro gay que se trasviste para divertirse, el agresor un macarra tatuado que se gana la vida trapicheando y se envalentona con sus colegas homófobos para esconder su propia homosexualidad. El primero es Nathan Stewart-Jarrett, el segundo George McKay, a quien hemos visto en títulos como 1917 o la reciente La bestia. La noche londinense y sus callejones oscuros se convierten en el escenario de unos encuentros clandestinos que suben la intensidad del juego convertido ya en una insólita atracción mutua marcada por el sexo duro, el (auto)engaño y la tentación constante de la denuncia.

La película circula así por terreno resbaladizo entre el suspense del descubrimiento y las perversas dinámicas de una extraña pareja masculina donde se intercambian los roles y los ámbitos tal vez con más voluntad aleccionadora que consistencia argumental. Sea como fuere, Femme aspira a complejizar los relatos de abusos y venganza con un descenso a los abismos de la pasión descontrolada y un estudio de toda fobia como manifestación de ocultación y rechazo a uno mismo.