Damas de hierro | Crítica

Sororidad a la finlandesa

Una imagen de la película de la finlandesa Pamela Tola.

Una imagen de la película de la finlandesa Pamela Tola. / D. S.

La aseada y próspera Finlandia tampoco parece escapar de las garras del viejo patriarcado, o al menos eso se deduce viendo esta amable comedia de suave mensaje feminista que reúne on the road a tres hermanas septuagenarias que deciden hacerse compañía mutua, siempre en actitud cascarrabias, en el viaje de huida de una de ellas, que cree haber matado a su marido tras haberlo golpeado en la cabeza con una sartén.

La cinta de Pamela Tola encuentra pronto su tono agridulce para enarbolar la bandera de la sororidad en un viaje que lo es también en el tiempo, a saber, al encuentro de ese feminismo de juventud y primera ola cuando se escribían artículos incendiarios en la universidad, se amaba a tumba abierta y se rechazaban las convenciones incluso en un país modélico en lo que respecta a los avances civiles y sociales como Finlandia.

El fuerte de Damas de hierro hay que encontrarlo así en el trazo complementario de sus tres protagonistas a la gresca y sus respectivas intérpretes, las veteranas Leena Uotila, Seela Sella y Saara Pakkasvirta, mujeres que encuentran en la última etapa de sus vidas la fuerza suficiente, también el humor, para la cana al aire, la afirmación definitiva o la rebelión contra el papel de esposa y madre en forma de reencuentro con el pasado previo a las renuncias.

Un filme cuyo mensaje funciona también gracias a la obligada caricatura de los personajes masculinos, y a ese equilibrio entre el gesto político, la comedia y la vocación de no molestar demasiado de cierto tipo de productos medios europeos para el circuito de versión original.

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