La danza más oscura

Crítica de Danza

Un bailarín de la compañía La Veronal durante la representación.
Un bailarín de la compañía La Veronal durante la representación. / Jesús Robisco
Rosalía Gómez

13 de mayo 2017 - 02:35

La ficha

**** 'Voronia' Marcos Morau/La Veronal. Dirección: Marcos Morau. Coreografía: Marcos Morau en colaboración con los intérpretes. Dramaturgia: Roberto Fratini y Pablo Gisbert - El Conde de Torrefiel. Intérpretes: Joaquín Collado, Rober Gómez, Jon López, Lorena Nogal, Shay Partush, Marina Rodríguez, Manuel Rodríguez, Sau-Ching Wong. Participantes locales: Luca Ferrari, José Luis Bustillo, Gero Domínguez, Samuel Gallardo, Álvaro García, Esteban Garrido y Juan Luis Matilla. Escenografía: Enric Planas. Iluminación: Albert Faura. Vídeo: Joan Rodon. Lugar: Teatro Central. Fecha: Viernes, 12 de mayo. Aforo: Casi lleno.

Con el nombre de Voronia (Georgia), la gruta más profunda del mundo, Marcos Morau quería invocar los aspectos más tenebrosos del ser humano. Y no cabe duda de que, si de abismos se trata, el mundo actual constituye una fuente inagotable de inspiración.

En tan amplísimo panorama, el coreógrafo se aleja de la posición de Sartre -"el infierno son los otros"- para incluirse en un mundo en el que todos, absolutamente todos, tenemos un lado oscuro con el que convivir.

Pero como en el director de La Veronal (así como en Fratini y Gisbert, que le han ayudado con la dramaturgia) la oscuridad convive con una enorme inteligencia y una inusitada pasión por las artes, Voronia, amén de un descenso al mayor de los abismos, constituye un fresco, formalmente fascinante, que refleja su visión de la moral occidental.

Dividida en dos partes, la primera construye un friso en movimiento, a la manera de los griegos o los babilonios, en el que la humanidad evoluciona al unísono, del nacimiento a la muerte, mientras que en la segunda se recrea una gran celebración en torno a una mesa con rosas blancas. Un universo alegórico en el que los textos del Apocalipsis y del Infierno de Dante se mezclan con símbolos -y sospechosos comportamientos- de la religión y con un ser humano cuya pasividad lo convierte en el cómplice de cualquier violencia.

Siempre inquietante, aunque sin llegar a emocionar, Voronía refleja las influencias de su autor: el cine de Greenaway y de Pasolini, el lenguaje gélido y simbólico de Castellucci... Pero lo mejor de todo, sin duda, es la danza. Con una espectacular banda sonora en la que la ópera se mezcla con sones telúricos orientales, ocho magníficos bailarines, ayudados por siete figurantes locales (entre ellos un niño), desarrollan una danza llena de pulsiones, tan virtuosa como violenta, que delata su gran formación clásica y el talento de su coreógrafo.

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