Cultura

"Las definiciones absolutas que nos pretenden vender son imposibles"

  • l Presentación de 'Guantes negros', de Fede Durán.. Hoy a las 20:00 en Fnac (Avenida de la Constitución, 8).El autor presenta hoy en la Fnac 'Guantes negros', un libro de relatos sobre los abusos del poder, el rechazo amoroso y las contradicciones de la naturaleza humana

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Fede Durán (Sevilla, 1977), jefe de Economía del Grupo Joly, debuta en la narrativa con Guantes negros (Saymon Ediciones), un libro de relatos que el autor presentará hoy en la Fnac, a las 20:00, en un acto que estará apadrinado por el pensador Jon Juaristi. Pese a ser su primera obra, el escritor transita con solvencia por el drama y la comedia y da forma a tipos memorables que se escapan de lo previsible. Un hombre con 19 dioptrías que revisa mercancías en el aeropuerto de Las Palmas, un campeón de una modalidad tan insólita como la batería aérea o un detective capaz de leer los sentimientos ajenos son algunos de los habitantes de este universo plagado de perdedores.

-En un pasaje del libro, el narrador se ve como un forastero en su propio barrio. Y ese desarraigo parece afectar a todos en Guantes negros.

-Realmente es como yo me siento. Mi familia viene de Cádiz, pero hemos vivido en muchos sitios, y yo soy un poco obseso de las raíces. Cuando empecé a escarbar en mi árbol genealógico, descubrí que el cien por cien de los apellidos de mi padre son judíos. Entendí por qué mis personajes son así...

-Los primeros relatos hablan de la indefensión frente a la implacable persecución del Estado.

-No sé si es una historia de deformación profesional, pero después de cinco años escribiendo sobre política me temo que no me fío en absoluto del sistema. Es algo que está presente incluso en los relatos con un registro más ácido.

-En el interrogatorio del principio, le exigen a la víctima que se clasifique a sí mismo. Una necesidad de etiquetar que sigue muy vigente.

-Sí. He vivido en Cataluña, y la sociedad no tiene nada que ver con su política. La gente tiene un talante abierto y amable. El hecho de venir de Andalucía, donde la identidad no se utiliza para diferenciar, me permitía ver ese contraste, algo que pasa también en el País Vasco. En este relato se trataba de hacer ver que las definiciones absolutas son imposibles.

-No es precisamente un libro esperanzador en la imagen que ofrece de la vida en pareja.

-Cuando Jon Juaristi terminó de leerlo, me dijo que le había gustado, pero que le daba mucha leña a la mujer, algo que no había notado. Es una visión desesperanzada que quizás se corresponda con la realidad, por historias del pasado, pero a mí lo que me interesaba era hablar de la incomunicación.

-Pese a tratar cuestiones como ésa, el libro tiene mucho humor...

-Jugué con el orden porque quería que fuera de lo negro al gris, que pasara de una parte más opresiva a una visión un poquito más gamberra. Había que aprovechar la oportunidad de la miscelánea que ofrece el libro de relatos, porque, si quieres algo más monolítico, tienes el registro de la novela.

-Uno de sus personajes, aspirante a novelista, asegura que está rodeado de suficiente materia prima para escribir. Habla de "maniáticos, enfermos, asesinos, maltratadores, psicóticos, neuróticos y políticos".

-[Ríe]. He sido un poco malo al meter a los políticos... Pero, en realidad, este personaje es una caricatura de todo ego malcriado, de toda persona con un poco de orgullo.

-Ese personaje proclama que se sale del rebaño, que su obra no es como la de los demás. ¿Cuál sería el sello distintivo de su narrativa?

-Diría que lo que intento es aportar cosas diferentes, que encuentro en literaturas de fuera y no por aquí. La última parte del libro, por ejemplo, podrías entroncarla con la literatura norteamericana más ácida o con autores como Heinrich Böll. No digo que aquí eso no se haga, pero da la sensación de que el circuito está muy predeterminado en España.

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