MARÍA JOSÉ LLERGO I CANTANTE

“Tengo mucha noción de los noes que digo para no dejarme llevar por las tendencias"

  • La cordobesa, una de las voces más prometedoras del panorama actual, estará este jueves 24 en el Singular Fest para presentar 'Sanación', un primer álbum de flamenco y música electrónica en el que "mi tierra se abre camino en mi voz"

La cantante estará acompañada de Paco Soto a la guitarra y Miguel Grimaldo a los teclados.

La Niña de las dunas, el tema do it yourself con el que se dio a conocer hace unos tres años acumula en Youtube más de 829.802 visualizaciones y Tu piel-La luz, el último single que ha lanzado con el proyecto Colors Show llega casi al millón. Entre medias, María José Llergo lanzó al mercado Sanación (2020, Sony), una ópera prima que la ha situado entre las artistas más prometedoras del panorama musical actual con casi 20 fechas cerradas sólo en los próximos dos meses. Entre ellas la del concierto que ofrecerá este jueves 24 de junio en la Plaza de España dentro del Singular Fest (22 horas), el festival sevillano que ofrece espectáculos en lugares patrimoniales, y la que la llevará el próximo 7 de agosto al Cabaret Festival de Algeciras.

Conocida también por protagonizar junto a una renacida Lola Flores el famoso anuncio de la cerveza sevillana y por poner su voz en un capítulo del comentadísimo documental de Rocío: contar la verdad para seguir viva, la cantante, compositora e instrumentista cordobesa es de las pocas flamencas que se ha sentado en el sillón de Broncano, donde por cierto no ha estado aún Rosalía, con quien se le compara continuamente.

Pero, más allá del envoltorio y de las etiquetas que rechaza, al otro lado del teléfono Llergo defiende el compromiso con el arte y presume de una libertad ajena a las tendencias. Lo dice así, firme, “desde un bar de carretera camino de Gijón” que sirve de perfecto escenario para el flamenco atmosférico que practica.

-Su nombre lo conoce mucha gente que no le ha visto nunca en directo, ¿a qué diría que suena la voz de María José Llergo?

-Suena a María José Llergo. No puedo definir muy bien mi música porque es una mezcla. Lógicamente sueno a Andalucía porque mi tierra se abre camino a través de mi voz. Vivo de la tradición flamenca y la combino con la música electrónica. Las etiquetas no me gustan porque limitan. Quiero ser libre con la música y hacer lo que me apetezca en cada momento.

-Revolucionario lo fue desde sus inicios, pero ¿se podría decir que hay un nuevo flamenco urbano?

-Las influencias que estamos viendo entre los artistas jóvenes son normales porque es con lo que convivimos. Es decir, yo mezclo el flamenco con la electrónica porque he nacido con un móvil en la mano y ese tipo de códigos, ese sonido, es cotidiano para nosotros. No es premeditado, surge natural, es una sonoridad que nos roza y lógicamente la aprovechamos para hacer nuestra música.

"Mezclo el flamenco con la electrónica porque he nacido con un móvil en la mano. Es decir, es una sonoridad que nos roza, que convive con los jóvenes de manera natural"

-¿Hay entonces pellizco en el ‘autotune’?

-En mi caso no lo he usado nunca. El flamenco tradicional no tiene autotune, lo tiene el trap, etcétera. Si hay algún artista que lo quiera incorporar me parece lícito, pero yo distingo muy bien entre el flamenco tradicional y lo que hago, que es música de autor. No son las letras ni las melodías tradicionales, es todo nuevo.

-De hecho, compone sus propias letras, ¿necesita el flamenco millenial un nuevo mensaje?

-Lo que escribo es mi forma de ver el mundo, de vivir. Una perspectiva subjetiva de las cosas. El flamenco es muy humano, tan humano que se actualiza con el tiempo, no necesita ni renovadores ni nada. Sin embargo, nosotros sí necesitamos el flamenco. Creo que el flamenco ha sido un catalizador de los problemas de la sociedad desde que existe. Sus letras tienen tanta memoria, tanta verdad, que perduran. No pretendo cambiar ni revolucionar el flamenco porque me llena tal como es, sé entenderlo en su época. Sé comprender que haya letras machistas si se escribieron hace dos siglos. Eso sí, no entiendo que se escriban ahora si queremos una sociedad mejor, pero ni en el flamenco ni en ningún género.

"El flamenco ha sido un catalizador de los problemas de la sociedad desde que existe. Sus letras tienen tanta memoria, tanta verdad, que perduran. Por eso me llena y lo entiendo tal como es"

-Decía Félix Grande que el flamenco nació protestando, algo que usted practica con canciones donde le canta a la inmigración, a la desigualdad de género y raza o a la falta de expectativas de la juventud... ¿es su canal para gritar aquello que le molesta?

-Más bien quiero dignificar a aquellos que están invisibilizados. Por ejemplo, en Nana del Mediterráneo hablo de todas esas personas que fallecen cruzando el Estrecho y que parece que nos hemos acostumbrado a ver. También reivindico la presencia de las mujeres en el campo en Me miras, pero no me ves. Creo que es necesario y parte del homenaje a mis raíces y a mis orígenes es ésa.

-Advertía hace unos días Manuel Vilas en su artículo ‘Sin dinero no hay poesía’ del peligro de la visión romántica de la creación artística, que lleva a la miseria. ¿Cuesta mucho mantener la dignidad profesional en estos tiempos?

-Existe el mito de romantizar la pobreza y es muy dañino esto porque la precariedad y los pocos recursos matan cualquier cosa, desde el ánimo hasta el arte. Mata todo menos el hambre. Desde que me dedico a esto he querido dignificar la figura del artista porque hay dos extremos, o el artista inalcanzable o al que no se le respeta. Me han dicho varias veces en mi vida que me iba a morir de hambre y siempre pensaba prefiero morir de hambre que de pena. Hay una descomprensión total y absoluta hacia las necesidades de los artistas.

"La precariedad mata el ánimo y el arte. Me han dicho muchas veces que me iba a morir de hambre y pensaba: mejor de hambre que de pena"

-A la hora de crear, ¿qué impulsa más: la duda o el dolor?

-Los demás, me inspira la gente del campo, la naturaleza. Es la esencia de los demás de lo que más bebo. Es bonito vivir así y crear así. Vivo en un presente riquísimo y me gusta valorar cada momento como si fuera el último.

-Usted reconoce que se negó durante un tiempo a dar entrevistas por miedo a la exposición y por rechazo a las etiquetas, ¿le molesta que la cultura necesite siempre una percha para acaparar las portadas?

-La cultura lo que necesita es visibilidad, pero una visibilidad libre, sin etiquetas, que sea inclusiva. No somos los artistas los que necesitamos las etiquetas, nos las ponen para clasificar el arte como la comida de un supermercado. Pero la cultura no es un producto, es un legado que dejará un retrato de nuestra generación a los que vengan detrás. En vez de ponerle precio a ese legado, se debería saber su valor, que es incalculable.

-Su propuesta, tanto musical como estética, le acerca a públicos más jóvenes y a mucha gente a la que no le gusta el flamenco... ¿cómo asume esa responsabilidad?

-Con amor, con alegría y con conciencia. En este sentido, estoy tranquilísima con lo que hago porque miro cada paso al milímetro y tengo mucha noción de los noes que digo en mi carrera para manejar mi camino y no dejarme llevar ni por los demás ni por las tendencias.

"Parte del homenaje a mis raíces y a mis orígenes es reivindicar a todos aquellos que están invisibilizados”

-Gracias a la Cruzcampo ha tenido la suerte de hablar con Lola Flores, ¿con qué cantaor/a de los que ya no están le hubiera gustado cantar?

-Con Pastora Pavón, no tengo duda.

-Dice que no le importa que la llamen cantante o cantaora, pero, puestos a elegir, ¿la Bienal de Flamenco de Sevilla o el Primavera Sound?

-Los dos. En los dos me sentiría igual de cómoda. Transmitir lo que siento y que los demás lo entiendan como suyo es lo que me llena. Independientemente de si es un sitio más pequeño o más grande, un ciclo más tradicional o un festival internacional.

 

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