Bienal de Flamenco de Sevilla

La guerra del 'streaming'

  • En este año de pandemia, la retransmisión de los espectáculos es la única oportunidad para que los artistas puedan girar en los circuitos internacionales. Por eso no se entiende la escasa oferta ni el criterio de elección

El de Rocío Molina fue el primer espectáculo emitido en 'streaming' en esta Bienal El de Rocío Molina fue el primer espectáculo emitido en 'streaming' en esta Bienal

El de Rocío Molina fue el primer espectáculo emitido en 'streaming' en esta Bienal / Claudia Ruiz Caro (Sevilla)

Tal y como recordó en su pregón el flamencólogo y gestor cultural, Manuel Herrera, la Bienal nació ya con la aspiración de ser “mucho más que un festival”. Desde su inicio tuvo vocación de universalidad porque existía la convicción de que la cita tenía que servir de escaparate para mostrar al mundo la grandeza de este arte y conseguir, así, situarlo en la misma categoría de otras disciplinas, sin complejos. Esto es, desde luego, lo que la convirtió en un encuentro distinto a cuantos existían y lo que, aun con todos sus defectos, la sigue distinguiendo de cuantos se han sumado después.

Sepamos que si los artistas se afanan por entrar en el programa y arriesgan con nuevas propuestas, haciendo enormes esfuerzos económicos y personales es, además de por el prestigio, por lo que tiene de plataforma. Porque en su paso por aquí encuentran la oportunidad, o la promesa, de una gira por los circuitos jondos más prestigiosos.

Por eso no se entiende que, conociéndose de antemano las dificultades para viajar que impone la pandemia, no se hayan previsto fórmulas para que los estrenos lleguen a los programadores y directores de teatros internacionales que normalmente se reúnen cada dos años en Sevilla para ver lo que luego llevarán a Francia, Alemania o Pernambuco… Lugares que mantienen vivo al flamenco más allá de este septiembre y gracias a los que los artistas pueden seguir comiendo.

Es preocupante que después del esfuerzo (y del gasto) esta edición pase sin pena ni gloria y que los estrenos nazcan ya condenados a muerte por no haber sabido reaccionar a las exigencias del mercado

Desde luego, es preocupante pensar que, después del esfuerzo (y del gasto), esta edición pase sin pena ni gloria y que las obras a las que vamos a asistir nazcan ya condenadas a muerte por no haber sabido reaccionar a lo que exige el mercado. Lo digo porque estos días he recibido varias llamadas que expresan verdadera “inquietud y decepción” ante la poca oferta de streaming, sobre todo, cuando había disposición a que éste fuera previo pago.

Cuesta también comprender el criterio de los siete espectáculos que sí se retransmitirán en directo, en los que hay nombres lo suficientemente consolidados (Rocío Molina, Fahmi Alqhai y Patricia Guerrero, Dorantes o Andrés Marín) como para no necesitar de esta proyección y se han dejado fuera esperados estrenos de otros, como los de “María Moreno o Lucía la Piñona”.

No hay duda que esto acarreará consecuencias de las que tendremos que seguir informando y que la Bienal debería asumir su responsabilidad como el gran evento mundial de flamenco que dice ser. Pensando en grande, mirando hacia el futuro y asumiendo retos que, una vez más, se afrontan tarde y mal.

 

 

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