“La feminización de la literatura es de las mejores noticias de este tiempo”
Cristian Alarcón | Escritor
El periodista chileno, afincado en Argentina, debuta en la narrativa de ficción con ‘El tercer paraíso’, con la que ha conquistado el Alfaguara Internacional de Novela 2022
El tercer paraíso, de Cristian Alarcón (La Unión, Chile, 1970), es una novela fragmentaria que se mueve en los bordes del diario, la autoficción y la hipérbole, a través de un grupo de personajes caracterizados por sus fuertes personalidades, entre las que destacan especialmente las mujeres.
–¿Cómo ha sido su paso a la ficción? ¿Fue algo premeditado, o más bien liberador?
–Ha sido sorpresivo, porque comienzo esta novela a partir de la escritura de un ensayo. Justo pocos días después de comenzar la pandemia, la presidencia de Argentina nos convocó a un grupo de intelectuales a escribir sobre el futuro a partir del virus. A mí me parecía un despropósito, porque apenas había pasado tiempo, y aunque había un debate filosófico en ciernes, era imprudente establecer alguna hipótesis. Aún así acepté el desafío, y desarrollé un ensayo titulado Nuestro futuro en el que hay algunas escenas protagonizadas por mi madre y abuela. Me di cuenta de que eran dos grandes personajes, que he incorporado en El tercer paraíso, y que bien podrían acompañar al narrador, que es alguien (que no soy yo), que lo deja todo para crear un jardín.
–¿La soledad o el confinamiento pueden llegar a ser algo parecido al paraíso o son la excusa para inventar uno?
–La soledad sólo puede ser un paraíso si tomamos noción de que nunca estamos solos porque nos rodea lo vital, la naturaleza, como un otro más que nos acompaña. El agua, la tierra, la luz. No hay soledad en este mundo que habitamos, si nos descentramos de nuestra posición absolutamente antropocéntrica.
–El tercer paraíso es la novela de alguien que se ha pasado la vida escuchando, sobre todo a las mujeres…
–Sí, en la novela hay un niño que escuchó demasiado [sonrisas]. A veces los adultos ignoran la capacidad de escucha de los niños, y la soledad de las mujeres produce narradoras incansables. Estos proceso, tras muchos años de estudio y trabajo, han creado un narrador, que toma las riendas de esta novela. Y pasa de la escucha pasiva a la narración activa, imponiéndose incluso sobre lo real. Es un narrador que es revolcado por la pandemia y que se sumerge en una nueva lógica, la del descubrimiento. No le permite Soraya amargarse por un pasado cruento, sino que debe centrarse en ese nuevo desafío (el jardín), que se ha inventado.
–Y también es una novela de viaje, de personas que buscan…
–Claro, hay una especie de impulso vital hacia adelante, a pesar de habitar el presente. Hay una búsqueda, evidente, que es la de la felicidad, sin ambages, sin vergüenza y sin pudor. Es una búsqueda impúdica de la felicidad, a pesar de que el narrador sabe que es esquiva, etérea, fugaz e incompleta. El narrador es consciente de ello, y por eso es antineurótico. El tercer paraíso es una novela sin narcisimo, ya que el narrador no está enamorado de sí mismo, tampoco de sus personajes. Y en ese desapego se construye la novela.
–Su novela bordea varios géneros, como pueden ser el diario, la autoficción o la narrativa fragmentaria, ¿cuáles son sus coordenadas literarias?
–Yo creo que esta novela es una apuesta por la hibridez de la perfomance. La novela ocurre porque algo material está sucediendo: la construcción de un jardín, que está siendo inventado a partir de honrar la memoria de una o varias mujeres. De honrar la memoria de otras flores. Es decir, como toda perfomance acontece en determinado momento para darle sentido a un instante. En ese camino se construye esta novela, como un elemento completamente híbrido.
–En el arranque de la novela, podemos leer: “Aquí admiro este jardín. Aquí extraño mi propio paraíso”, que casi puede entenderse como un resumen de su novela.
–Sí, porque la relación con el paraíso que imaginamos es de añoranza del futuro, que es algo extrañísimo. ¿Que es lo que me está faltando? Lo que no tengo. ¿Y cómo lo puedo conseguir? Imaginándolo. ¿Cuál es el camino hacía el paraíso, cómo comienzo esa construcción? Con mi deseo, y lo concreto existiendo. Todas las respuestas son respuestas inacabadas, y todas las respuestas son verdad.
–En tiempos de Netflix y podcats, de convivencia con miles de historias, ¿cuál debe ser el objetivo o la misión de un narrador?
–A la literatura se le han encomendado diferentes misiones en distintos momentos de la historia, y ha salido vapuleada al asumir esas misiones. Con esto no quiero decir que la literatura no tiene un compromiso con su época, ya que sería absurdo desligarla de los temas que nos marcan. Pero si nos concentramos en esa misión es muy probable que nos apartemos de la buena literatura. Que debe seguir siendo aquella que conmueve, emociona y produce algún tipo de relación trascendente entre el lector y el texto. Un habitar un mundo que de otro modo nunca hubiera sido conocido. Nadie lee una novela para aprender algo, para eso se va a la escuela o se hacen postgrados o se leen libros científicos. Afortunadamente, la literatura sigue siendo una forma con la que poder escapar de la realidad y tenemos el derecho de querer hundirnos en los libros para no estar donde estamos. En cierto modo, la literatura y la jardinería se parecen: porque la satisfacción que produce un florecimiento es algo íntimo.
–Tradicionalmente, el premio que ha ganado, el Alfaguara Internacional, ha sido un buen termómetro de la narrativa escrita en español, y unido eso a su faceta como director de la prestigiosa ‘Revista Anfibia’, ¿cómo contempla a la actual narrativa hispanoamericana?
–Estamos transitando el laberinto de lo femenino, con diversas voces de mujeres o con la de varones que experimentamos lo femenino, pero no como lo opuesto a lo masculino, sino como un modo de redescubrirnos nosotros mismos. La feminización de la literatura es una de las mejores noticias de este tiempo, ya que permite la experimentación y renueva a la novela y al cuento, llevándolos a lugares muy diferentes. Lo fantástico, la recreación de la historia, la aparición de una naturaleza abrumadora, la experiencia sensible, desde lo sonoro a lo visual. Es un momento muy inspirador el que vivimos y que ojalá marque un cambio de época. Y ojala los nuevos narradores varones dejen de estar condicionados por la construcción de una fortaleza narrativa inspirada en la masculinidad.
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